Vacaciones en “mi” isla (Potaje de coles)

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Fue Pablo quien, espigando una vez más en el trigal de los recuerdos, me propuso embarcar anoche mismo para la isla de La Palma.

Vacilé en contestar; no soy muy dada a las sorpresas ni me asiste el espíritu de aventura, y aventura iba a ser para mi ánimo de planearlo todo aquel viaje improvisado vísperas ya de nuestra partida.

Porque, en efecto, aquel verano deleitoso, mecido entre las Islas del Atlántico, tocaba ya a su fin. Un sentimiento de melancolía se mantenía flote sobre las conversaciones, los paseos, los amigos y aún los mismos paisajes hasta ayer familiares que veíamos ya de manera distinta, súbitamente ajenos, cambiados en su esencia al saberlos próximos a desaparecer.

Fue tal vez el deseo de no prolongar aquella sensación de despedida lo que me hizo aceptar el traslado a La Palma; pasaríamos pues, los últimos días entre otras gentes y otros panoramas, y así, empezando por pequeñas dosis, el corazón apuraría luego con más facilidad la gran ausencia.

Pablo, que nunca se ha despedido de nada ni de nadie definitivamente, tenía otras razones para desearlo, aunque en verdad, no menos sentimentales que las mías: La Palma era la cuna de quien había sido su apoyo y su mentor en días muy difíciles, y mi marido no olvidaba la mano firme, franca, generosa, que había desbrozado sus primeros caminos de joven pobre y luchador en una tierra extraña.

(…)

Y, uniendo sus motivos a los míos, recordaba igualmente la recomendación hecha por aquel excelente caballero cuando trazábamos en casa las ideales rusa del periplo.

— Si llegan a visitar mi isla de la Palma no olviden ir a Tijarafe, donde existe una calle que se llama Adiós…

— Pero si es esa calle lo que debemos buscar, debe de estar muy cambiada, querido doctor, y es también muy probable que ya no se llame así. Considere los años transcurridos desde aquella linda mañana de primavera en que usted saltó al barco que lo traería al puerto de La Habana..

Quedaba pensativo nuestro amigo, pero al cabo, moviendo la cabeza siempre erguida, daba un punto final a la cuestión:

— Los años cuentan unas veces, pero otras veces no. La calle, estoy seguro, sigue allí como era. La calle y otras cosas…

No había comprendido por entonces la razón del deseo que expresaba y aún menos la del nombre desusado, pero desde anoche, sin comprender todavía, hallaba en ello alguna consonancia con mi espíritu.

“Si llegan a visitar mi isla de La Palma…”

Y bien, allí teníamos la isla, allí veríamos también dentro de unos pocos momentos la extraña calle con su extraño nombre… El barco se deslizaba ya frente a la rada.

Adiós… Esa era la palabra que me perseguía, que estaba ahora en el ambiente, aunque nadie se hubiera atrevido a pronunciarla.

(…)

La mañana era bella y la tierra más bella todavía; a más de agua, en la isla había árboles, muchos más árboles que en Tenerife. Había también flores como allá, y fragosas gargantas y quebradas.

Una fragancia idílica, una frescura de tierra nueva aleteaba todo aquello: me parecía estar soñando un sueño en el que un mundo todavía no nacido se revelaba únicamente a mí…

To be continued

(cap. XXVI. “Hotel Florida” de Un verano en Tenerife, por Dulce María Loynaz. 1958)

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En muchas casas de “mi” isla de la Palma, se llama potaje a una composición de verduras varias, que en una mezcla tradional, más o menos abultada según las huertas estuvieran surtidas, la estación o la generosidad vecinal, solía servir como plato único y socorrido. En el medio de la mesa la ondilla a compartir con el gofio escaldado en el caldo que se apartaba. En el mejor de los casos (según la consideración de los viejos) para acompañar el tocino o las costillas previamente desaladas que tuviera el potaje. Entonces en las casas solía haber un balde con esos productos cárnicos guardados con sal de la última matazón (matanza en peninsular). Coles abiertas (berzas o algo muy similar), col cerrada (repollo), calabaza, bubango (no es igual pero algo parecido al calabacín… o entre calabacín y cidra), zahorias, habichuelas (judías verdes), judías pintas o garbanzos, piña de millo, chayota, boniato y papa era lo más habitual. Aunque de familiares que ya no están, me queda el recuerdo del uso de peras en el combinado. Cuando hay reunión de amigos, aún apetece hacerlo así. Queso fresco, mojo rojo y verde, la carne, el escaldón… y luego un platito de la verdura. Pero para tomarlo en casa no hace falta tanto despliegue y puedo asegurar que queda delicioso.Este que traje hoy apenas lleva lo que se ve: Bubango, Calabaza, Zanahoria, Boniato, Papa, Hojas de col abierta, dos cascos de Col Cerrada, una cebollita, medio tomate picados, y una majada de ajo, sal, perejil, comino y pimentón. Todo en crudo con un Chorrito de aceite de oliva que sustituye la grasa animal y cocinado a fuego lento, o en olla exprés unos minutos y luego dejar concentrar destapado un ratote más con el millo (en lugar de la piña) y un puñito de judías blancas (en lugar de los garbanzos judías pintas remojadas, que se pondrían a cocinar tradicionalmente junto con la carne y la piña -mazorca- antes de nada).

Un chorrito de vinagre sobre las coles, me eleva al cielo. Y para el caldito, si no hay gofio previo escaldado, una cuchara de los polvitos mágicos me resultan casi una delicia.

Yo estoy en el sitio de las vacaciones pero sin días libres. Espero que los que no trabajen, disfruten del descanso o el recogimiento.

Abrazos

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7 thoughts on “Vacaciones en “mi” isla (Potaje de coles)

  1. adormidera

    Y tan fresco, y tan claro y tanto brillo, jajajajajja, tanto, chicas, que tengo varias cosas atrasadas que subir, y ahora me da cosita con este aire tan primaveral, enfrascarme en caldos y condumios potentes… y eso que a pesar de todo, es lo que me sigue apeteciendo.
    Muchas gracias a las dos por estar…. por tu abrazo envuelto en el mío, por tus besos alegres.

  2. Marhya (Maby)

    Aire primaveral pero aquí hace un frío del carajo, je,je, 0ºC teníamos esta mañana. No te digo más. Así que no te de vergüenza, por mi parte son bien recibidas, y además, ya llegará otro invierno, como suele decirse.
    Besos.

    • adormidera

      Hola, Polita, encantada de conocerte
      No me conoces, mi palabra importa poco, pero te aseguro que no es sólo pinta, jajajajajaj
      Sí que está, sí, entonces, hace diez años y ahora… pero no desvelemos el secreto antes de tiempo. A ver si tengo ocasión y sigo el relato hasta el momento que lo explica Dulce.

      Un beso también para tí pero no un adiós.

  3. adormidera

    María, hasta el 30 de mayo no te quites el sayo, por algo lo dirían.
    Aquí en alguna zona se puede estar al sol y hasta sudar, en casa no sudas ni metida en cama, más bien tiritas. Sigo queriendo leche caliente y potaje. Si un día pienso en ensalada, al otro día vuelvo al puchero… así no hay forma.

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