Suena el runrun de un universo que nace…

Sigue la primavera, inestable y voluptuosa, bailonga y con gusanillos.  Gris y soleada por días.  Inflamada y lluviosa.

Para cuando está gris, un potaje, y una canción con letra, con ritmo, con mucho run run de mi mundo interior. Y es que… ¡ está por nacer un universo! y tengo ganas de bailar y de contarlo… cuando sepa bien cómo será.

Un marinero aullaba a la lunática noche sin luna. Pensé que, quizá, el aroma casero y cercano de este plato, le ayudaría. Así que le pinté una sonrisa y se lo presenté (de ahí partió la foto).

Y la receta para F… aunque me tenga que poner a su altura para sonreírle .-))))) Porque los bichillos buenos vienen en tamaños pequeños… ah, no.. que eso era otra cosa, jajajajajaja Bueno, es igual, para tí.

Para el PURÉ: Calabaza, Papa, 1 boniato pequeñito, cebolla, 1 piña de millo, 1 majado de cilantro -o perejil, si no hubiera más remedio-, ajo, comino y sal, pimentón y berros.  Así, en crudo, sin más. Cocinar y pasar por la batidora y luego por el chino. Yo lo había hecho muy clarito… y antes que engordarlo o hacer sopa, opté por calentar lo justo para el momento con la cantidad suficiente de gofio, hasta que cogió la densidad de una crema. Para servirlo, queso fresco, por supuesto, y una ramita de hortelana, hierbabuena o hierba huerto. Todo el sabor y el olor canario en el plato.. para volver a casa tras travesías por mares recelosos.

¿La piña? Ah, sí!, la piña… le da sabor, mucho sabor. Pero si no se tiene o no es la época, pues tampoco pasa nada. Se prescinde de ella, o se ponen unos granitos de millo al último hervor, que hagan de tropezones dulces al paladar.

Para todos, las fotos, la música y el regustillo a gofio. Abrazos ronroneantes (runruneantes)!!

Casi verano (Caraotas agridulces)

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Acabo de mirar el calendario, ¡¡21 de junio ya!!

Casi día de S. Juan, casi día de S. Pedro, casi verano.

Miro por la ventana y el sol tiñe de dorado el mar y de negro la única nube blanca que lo tapa, más allá del almendrero, un camino… Me levanto temprano. Desayuno tranquila y te cuento que me gustan las tostadas de pan negro, mantequilla salada y mermelada de cerezas oscuras y ácidas,  y esta marca de leche de soja tibia y sola. Te cuento que el tiempo pasa, que casi está aquí el día de tu cumpleaños, y ese aniversario que se quedó grabado para siempre en mi historia (casi paralelo a otro que quedó desde mucho antes en la tuya). ¿No sabes de qué te hablo, verdad?. No importa. Mi memoria por ahora llega para los dos. Te cuento que llevo días probando a ser mi nuevo yo, que no cocino, que como pero sin poder concretar qué.  Te cuento que ayer, de repente, llegó el calor. Me sorprendió mientras miraba en santa cruz las muecas de las estatuas del atrio del ayuntamiento y escuchaba al grupo de viento que tocaba en la calle. Creo que justo en aquel lugar, hubieras mirado la misma expresión de pétreo terror, aquel cruce de líneas de los tejados, quizá el perfil de alguien que huyera de tu cámara.

Casi verano, casi día de S. Pedro, casi día de S. Juan… y yo con estos pelos, sin haber arreglado la huerta ni limpiado el camino. Con tantas vivencias acumuladas estos meses de frío que, definitivamente y en parte, no soy la misma de un año atrás. Pero hay cosas que cambian y otras que se mantienen. Te cuento, por último, que ésta que es hoy, un poco diferente a la de ayer, sigue pensando que merece la pena dar bocados a la vida, tomar lo que te pone delante, no despreciar ni desaprovechar. Esta que es tan distinta (?) a la que tú conociste, sigue diciendo que merece la pena, siempre merece la pena, la balanza sigue inclinándose al lado positivo. Te cuento que no espero que llegue septiembre, porque me queda tantísimo por apurar este estío que sería un pecado renunciar desde ahora a él. Te cuento también que sin embargo lo espero. 

Con la confianza que al recibo de la presente te encuentres bien, me despido con un cálido y afectuoso abrazo.

La Adormidera que siempre es. 

… la que siempre es pensaba subir hoy alguna cosa que quedara en la recámara… bocata? tortilla? comida exótica? ensalada? Algo colorista y agradable a la vista de este casi verano festivo. Pero he recordado un chasco que un invitado a la isla se llevó el año pasado en una excursión por la ciudad, cuando pretendimos tomarnos en una terraza de la Avenida Marítima un Pabellón Criollo, típico plato de la cocina venezolana, bastante conocido y popular también por aquí. Tanto el plato completo como sus componentes por separado me gustan. Y si bien la carne mechada sólo la suelo hacer en ocasiones especiales, reuniones o fiestas, las caraotas con el arroz blanco ya son más habituales. Esta manera de hacerlas es el refrito de distintas recetas y costumbres, unas propias y otras adoptadas – El resultado es una guiso agridulce delicioso, potente, al que no le viene mal el plátano, el huevo frito o la carne, pero que por sí solo ya merece un lugar especial en el recetario.

Muchas veces antes dije que a veces cocino o perfecciono por si… Pues por si … va esta receta.

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Las judías negras remojadas desde la noche anterior, se ponen a guisar en agua que las cubra escasamente, con una cebolla entera y un par de clavos de olor pinchados en ella. Pasada una hora, se le añade comino molido, pimentón, una rama de orégano y chorretón de oliva y continuar cocinando, añadiendo agua fría cuando  se van quedando secas. Cuando ya estén casi a punto, espolvorearlas con azúcar, sal, chorreoncito de vinagre y otro de salsa de soja. Dejar que se integren los sabores, rectificar de sal  si fuera necesario y a comer o a esperarte si decides apuntarte.

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Aprovecho para saludar a todos los que siguen entrando por aquí pese a mis silencios. Alguien me dijo que estoy perezosa, y sí, es posible que sí. También han cambiado algunas circunstancias de mi vida. Ahora tengo menos tiempo, pero no renuncio a recuperar la calma en cualquier momento, amenazo. Por ahora, quiero explotar todo lo que pueda esta nueva oportunidad que se me brinda. Abrazos cargados de energía para todos.

Quédate a dormir (Lentejas rojas)

Lentejas Rojas

Tengo una entrada a medias desde hace semanas. Según el día me levanto y la varío. Unas veces toco el cielo, otras me desangro para decir lo que no debo y ahí la dejo, al siguiente es festivo o estoy cansada o no tengo ganas de hablar. Así esa entrada va cambiando según mi estado pero nunca llega a ver la luz.  Igual pasa con la música que tuve prevista hace quince días… iba con aquel momento, con esta receta, con un mensaje particular que cuando volvió a salir el sol quedó sin sentido. En este tiempo han muerto tantos y otros tantos que han nacido. Me estremecieron algunos finales, me hicieron revisar cuartillas viejas de poemas universales, impactándome un momento y luego dando paso a nuevas sensaciones surgidas al rato siguiente.

Hoy me he despertado con mucho tiempo y la necesidad de decir que estoy viva, que sigo viva. Me he despertado con el cuerpo a ritmo rockero, y quizá con la mente algo nublada. Así que me enchufo a Mclan y tarareo “quédate a dormir” sin saber lo que quieren decir ni queriendo decir yo nada. Simplemente dejo que se repita la frase que tiene cierto poder hipnótico. http://www.youtube.com/watch?v=vwe29-FyCMA

En mi cocina muchas cosas surgen de la casualidad  pero otros tantos son platos cargados de un significado que yo sólo sé, como estas lentejas rojas,  nada casuales, de aquella tienda de productos orientales que descubrimos la última vez. No sé cómo cocinarlas así que recurro a mi libro de cabecera  http://cocinaorientalgurumasala.blogspot.com/ 

y de ahí al blog que Alex  recomienda:  http://www.hookedonheat.com/ 

Haciendo un refrito de lo que leo de varias recetas de dhal que aparecen, hago mi propia versión adaptada al armario y mis manías en la cocina. Decido ponerlas en remojo la noche anterior, aunque la verdad es que se cocinan muy rápido, y guisarlas con un sofrito suave con oliva, cebolla, ajo, jengibre, tomate concentrado, granos de comino, cúrcuma, canela “apenas” (expresión canaria para   indicar que algo se pone en poca cantidad, y es que este sabor lo manejo con sumo cuidado en platos salados o no me entraría) y unos granitos de coriandro machacados.

Para servirlas, el cilantro fresco que recomiendan es el toque que necesitan, aporta frescura, nunca fui consciente de tanta. Cuando las comí, quise aprovechar los papadums que había traído de mis andanzas por las tiendas rarillas de Santa Cruz, pero no me gustaron, resultaron unas galletas demasiado intensas y picante para mí,  había varias marcas más, a lo mejor no elegí bien. Con lo que sí va estupendo es con los chappatis de idem procedencia, y el chutney con yogur , cilantro y menta que también aconsejaba Alex. Una auténtica delicia fresca y pelín ácida, para el sabor suavemente especiado -procuro no pasarme con las cantidades aunque lo hago siempre a ojo- del dhal.

Por supuesto, un poquito de arroz blanco para acompañar. Creo que esa costumbre sudamericana y también de países orientales, la acogería perfectamente como propia, si no fuera porque compite fuertemente con mi gusto por el pan.

Alguien me sugería que subiera alguna receta local. mmmmmmmmm, creo que tengo pendiente unas papas con costillas por ahí, prometo buscar la foto y subirla algún día de estos. Y ahora a la ducha, mientras sigo tarareando.

Feliz día con abrazos apretados.

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Hoy es un buen día (Albóndigas de garbanzos)

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Hoy es un buen día para intentar explicar una receta, sin más. Este plato surgió de mi locura por los falafelsy de la inspiración que el verde me desata. Así que hace meses, en un paseo por el blog de Nina
http://cocinaconluzverde.blogspot.com/2009/01/albondiguillas-de-harina-de-garbanzos.html , en uno de mis múltiples escarceos debido a mi natural facilón, me quedé con la idea de este plato..  unas albóndigas de garbanzos, que quise adaptar nada más leer. Decidí tomarle prestada la idea aproximada de su salsa y hacer estas albóndigas, sabrosísimas por demás, con una textura casi casi como carne. Y no es porque fuera mejor o peor, pero la cosa es que las recuerda al morder, eso sí, exclusivamente por ese detalle. Aconsejo mirar las suyas porque ésto es sólo una pobre aproximación

La salsa es muy suave a pesar del color que se gasta, diferente, apetecible. El plato en general es bastante aromático pero no intenso. Y ya con el arroz y el tomate no se puede pedir más. ¿Una mandarina de postre? Tengo el frutero lleno. Pero advierto que están muy ácidas.

PARA LAS ALBÓNDIGAS (más de un lado y menos del otro de los ingredientes que cuento en las varias recetas de esta página):
http://vivenciasydeliciasculinarias.blogspot.com/search/label/LEGUMBRES%20Y%20POTAJES 

-Garbanzos remojados 24 horas molidos con cebolla + sal + ajo seco + comino molido  + pizca de jengibre + pimienta + perejil fresco. Mezclar con un huevo y amasar con un poco de harina-pan si estuviera demasiado húmeda. Formar y freír. Mientras se termina la tanda, dejarlas sobre papel de cocina.

PARA LA SALSA: Mezclar 1 yogur natural con la misma medida de leche mezclada con agua + sal+ 1 cucharita de cúrcuma + 1 cucharita de maicena disuelta . Poner a calentar al mínimo con 2 aritos de pimienta seca + granos de mostaza y comino calentados en la sartén y con mucho tiento que se arrebatan antes que uno pestañee. Cuando espese lo suficiente, añadir las albóndigas y dejar dar un hervor.

Con respecto a las albóndigas, no les he puesto coriandro en grano ni fresco y he controlado para no pasarme con la cantidad de especias. La cuestión en esta receta es, como bien me enseñó alguien hace mucho, el equilibrio.

Hace sol.

Vacaciones en “mi” isla (Potaje de coles)

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Fue Pablo quien, espigando una vez más en el trigal de los recuerdos, me propuso embarcar anoche mismo para la isla de La Palma.

Vacilé en contestar; no soy muy dada a las sorpresas ni me asiste el espíritu de aventura, y aventura iba a ser para mi ánimo de planearlo todo aquel viaje improvisado vísperas ya de nuestra partida.

Porque, en efecto, aquel verano deleitoso, mecido entre las Islas del Atlántico, tocaba ya a su fin. Un sentimiento de melancolía se mantenía flote sobre las conversaciones, los paseos, los amigos y aún los mismos paisajes hasta ayer familiares que veíamos ya de manera distinta, súbitamente ajenos, cambiados en su esencia al saberlos próximos a desaparecer.

Fue tal vez el deseo de no prolongar aquella sensación de despedida lo que me hizo aceptar el traslado a La Palma; pasaríamos pues, los últimos días entre otras gentes y otros panoramas, y así, empezando por pequeñas dosis, el corazón apuraría luego con más facilidad la gran ausencia.

Pablo, que nunca se ha despedido de nada ni de nadie definitivamente, tenía otras razones para desearlo, aunque en verdad, no menos sentimentales que las mías: La Palma era la cuna de quien había sido su apoyo y su mentor en días muy difíciles, y mi marido no olvidaba la mano firme, franca, generosa, que había desbrozado sus primeros caminos de joven pobre y luchador en una tierra extraña.

(…)

Y, uniendo sus motivos a los míos, recordaba igualmente la recomendación hecha por aquel excelente caballero cuando trazábamos en casa las ideales rusa del periplo.

— Si llegan a visitar mi isla de la Palma no olviden ir a Tijarafe, donde existe una calle que se llama Adiós…

— Pero si es esa calle lo que debemos buscar, debe de estar muy cambiada, querido doctor, y es también muy probable que ya no se llame así. Considere los años transcurridos desde aquella linda mañana de primavera en que usted saltó al barco que lo traería al puerto de La Habana..

Quedaba pensativo nuestro amigo, pero al cabo, moviendo la cabeza siempre erguida, daba un punto final a la cuestión:

— Los años cuentan unas veces, pero otras veces no. La calle, estoy seguro, sigue allí como era. La calle y otras cosas…

No había comprendido por entonces la razón del deseo que expresaba y aún menos la del nombre desusado, pero desde anoche, sin comprender todavía, hallaba en ello alguna consonancia con mi espíritu.

“Si llegan a visitar mi isla de La Palma…”

Y bien, allí teníamos la isla, allí veríamos también dentro de unos pocos momentos la extraña calle con su extraño nombre… El barco se deslizaba ya frente a la rada.

Adiós… Esa era la palabra que me perseguía, que estaba ahora en el ambiente, aunque nadie se hubiera atrevido a pronunciarla.

(…)

La mañana era bella y la tierra más bella todavía; a más de agua, en la isla había árboles, muchos más árboles que en Tenerife. Había también flores como allá, y fragosas gargantas y quebradas.

Una fragancia idílica, una frescura de tierra nueva aleteaba todo aquello: me parecía estar soñando un sueño en el que un mundo todavía no nacido se revelaba únicamente a mí…

To be continued

(cap. XXVI. “Hotel Florida” de Un verano en Tenerife, por Dulce María Loynaz. 1958)

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En muchas casas de “mi” isla de la Palma, se llama potaje a una composición de verduras varias, que en una mezcla tradional, más o menos abultada según las huertas estuvieran surtidas, la estación o la generosidad vecinal, solía servir como plato único y socorrido. En el medio de la mesa la ondilla a compartir con el gofio escaldado en el caldo que se apartaba. En el mejor de los casos (según la consideración de los viejos) para acompañar el tocino o las costillas previamente desaladas que tuviera el potaje. Entonces en las casas solía haber un balde con esos productos cárnicos guardados con sal de la última matazón (matanza en peninsular). Coles abiertas (berzas o algo muy similar), col cerrada (repollo), calabaza, bubango (no es igual pero algo parecido al calabacín… o entre calabacín y cidra), zahorias, habichuelas (judías verdes), judías pintas o garbanzos, piña de millo, chayota, boniato y papa era lo más habitual. Aunque de familiares que ya no están, me queda el recuerdo del uso de peras en el combinado. Cuando hay reunión de amigos, aún apetece hacerlo así. Queso fresco, mojo rojo y verde, la carne, el escaldón… y luego un platito de la verdura. Pero para tomarlo en casa no hace falta tanto despliegue y puedo asegurar que queda delicioso.Este que traje hoy apenas lleva lo que se ve: Bubango, Calabaza, Zanahoria, Boniato, Papa, Hojas de col abierta, dos cascos de Col Cerrada, una cebollita, medio tomate picados, y una majada de ajo, sal, perejil, comino y pimentón. Todo en crudo con un Chorrito de aceite de oliva que sustituye la grasa animal y cocinado a fuego lento, o en olla exprés unos minutos y luego dejar concentrar destapado un ratote más con el millo (en lugar de la piña) y un puñito de judías blancas (en lugar de los garbanzos judías pintas remojadas, que se pondrían a cocinar tradicionalmente junto con la carne y la piña -mazorca- antes de nada).

Un chorrito de vinagre sobre las coles, me eleva al cielo. Y para el caldito, si no hay gofio previo escaldado, una cuchara de los polvitos mágicos me resultan casi una delicia.

Yo estoy en el sitio de las vacaciones pero sin días libres. Espero que los que no trabajen, disfruten del descanso o el recogimiento.

Abrazos