Cada verano tiene una historia

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No es el cambio pre-establecido que se espera con las campanadas de cada 31 de diciembre, ni el renacer interior que viene sucediendo allá por septiembre.

No. En Junio, con su San Luis, su San Juan, su Corphus, El Sagrado, San Pedro y San Pablo,  dormita una Esperanza diferente.

Ya con solo mencionarlo, se llenan el cuerpo, los ojos, las manos y la boca de anhelos. Es una  imprecisa revolución, innominable e  inespecífica. Se mira la luna, se compran flores y frutas. Se madruga para regar los patios, y esperar que la vida despierte. Hogueras queman viejas penas al tiempo que se conjuran deseos nuevos (o eternos) …Brotan las pequeñas rosas de los rosales salvajes.

"¡Alegría, hermosa chispa de los dioses 
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave. (...)" 
Friedrich von Shciller

Y así, una y otra vez, el ánimo parece sanar con el frescor de las frutas. Se desperezan los sentidos. Nos vestimos de alas. “Despabilamos” , como si el tiempo nos diera una patadita en el trasero.

"Bajo del cielo fiel Junio corría
arrastrando en sus aguas dulces fechas…
Llegas de nuevo, río transparente,
todo cielo y verdor, nubes pasmadas,
lluvias o cabelleras desatadas,
plenitud, ola inmóvil y fluente.
Tu luz moja una fecha adolescente:
rozan las manos formas vislumbradas,
los labios besan sombras ya besadas,
los ojos ven, el corazón presiente.
¡Hora de eternidad, toda presencia,
el tiempo en ti se colma y desemboca
y todo cobra ser, hasta la ausencia!
El corazón presiente y se incorpora,
mentida plenitud que nadie toca:
hoy es ayer y es siempre y es deshora"
Octavio Paz

Uno se da cuenta que es una pérdida, guardarse. Un pecado, negarse. Un terrible error, no abrirse. Una cobardía, enfermar de tristeza. Un tipo de muerte, no expresarse. Algunos de esos ratos, es tan simple como compartir lo que nos fortalece,  nos llena, nos desborda de alegría. Tan sencillo y plácido es a veces el camino. Tan fácil como algún tiempo atrás pensamos que era y dejó de ser… Y es que, a lo mejor, no estoy segura, alguien se desvió dejándonos tan perplejos que pensamos que éramos nosotros los que habíamos confundido la vereda.

Así me siento yo desde el Blanco Agosto del 2010, que duró hasta bien pasado el  2011: … como un trompo caído en mitad de un camino.

Retomo y vuelvo a tomar el paso. Una y tantas veces como me despierto a las mañanas de junio, julio, agosto, septiembre. Pero tengo que reconocer que la historia de aquel verano fue tan intensa, tan especial, tan arrebatadora, que aún me despierto con las briznas de su sol, salado, prendido en las pestañas.  Bajo un pinar altísimo y espaciado, los cirueleros alrededor de la casa, extienden sus ramas (como raíces) en horizontal, madurando lentamente la fruta, de color amarillo flor de tunera. Paseo entre las pencas, buscando hormigas entre los estambres de interiores cálidos y dorados. Cierro  los ojos un momento y soy felizmente consciente del aroma a pinillo seco y tierra que desprende mi piel. Cuando vuelvo a abrir los párpados, el sol se ha movido una cuarta, ahora hay sombra donde antes era luz y claridad donde fue la oscuridad.

Sí. Todo es casi como entonces, y sin embargo esta debe ser una historia diferente, porque cada verano tiene la suya.

Por eso, en esta segunda fiesta del verano, no habrá escacho, ni mojo-queso, ni pasta con su pesto, ni “patún”, ni ensalada con pepinillos… ni nada que me recuerde otras historias. Necesito centrarme en escribir la que corresponde a mi noveno cumpleaños:  palabra a palabra… aunque sea con renglones torcidos, aunque en el fondo nada haya cambiado (porque ciertas cosas no cambian hasta que les toque hacerlo), salvo mis ganas de seguir adelante.

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Será una ensalada nueva para los invitados. Está tomada de uno de los libros de cocina que más me han gustado en los últimos tiempos. “Cocina Vegetariana”  de Love Food. Cada año, por Reyes, cae alguno, ya que los Magos saben de mi gusto por ojear libros y revistas. No copio, ciertamente. No tengo calma para eso. Pero sí me gusta mirar las fotos, observar la mezcla de ingredientes según sea la cocina propuesta, … curiosear más que nada. Sin embargo, de este libro sí he cogido varias ideas. Es como si todo él, de principio a fin, estuviera hecho para mí: Asados, guisos, cremas, salteados, fritatas, ensaladas, frutas al horno, currys…

En concreto: este plato, sigo escribiendo, lo probé hace ya meses. Y es hoy cuando rescato esta foto del ipernity y decido que será el regalo para el cumpleaños de mi hermana, y su fiesta. Un buen acontecimiento, incluso mejor que otros, para abrir un nuevo  capítulo  I.

INGREDIENTES:

Aguacates (los últimos que me regaló el vecino. “El próximo año, no tendremos”, me dijo)

Ensalada de hojas verdes y rojas. Rúcula.

Tomates sabrosos.

Cebolla tierna roja, o cebolleta.

Nueces tostadas .

Aliño: Jugo de Lima, Mostaza Djon, Perejil o Cilantro, Oliva, Pizca de Azúcar o miel, Sal y Pimienta

 

 

 

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