Crema de coliflor asada o el Realismo Mágico de mi cocina

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Llevo días sintiéndome extraña. Revuelta, revolucionada, ausente. Advierto. Y así, esta mañana, con un lebrillo lleno de pestiños por melar, una parranda de cumpleaños prevista para la hora de la comida, A. “jimiriquiando” para que juguemos, y mil cosas más, yo me pongo a elucubrar sobre el sentido de los platos que me sale preparar.

Concluyendo: Creo firmemente que el Realismo Mágico de García Márquez, Isabel Allende o Juan Rulfo no es exclusivo de una zona geográfica o un período temporal,  ni siquiera de la literatura. No sé si habrá empezado exactamente en los años 60 del siglo XX, antes… o simplemente es una forma de VIVIR, mágicamente, la realidad.

No puedo apartar de mis recuerdos, momentos “normales” percibidos con un halo de blanca magia. Y es precisamente en la cocina, en el instante de decidir cocinar, en el impulso que va más allá del simple halago al estómago y la gula, más allá de aplacar cierta ansiedad, …en la elección del método y el ingrediente, en la búsqueda de ese “poder” curativo del alma que tiene el fogón.

En mi cocina, en mi archivo de retratos (ya se notará que no pongo en palabras ni la décima parte de las pócimas que pruebo),  la naturaleza con que yo imagino un ingrediente o una fórmula casi siempre tiene un valor mágico. Lo nombraré, O no. Pero cuando decido probar o mejorar algo, un buen puñado de instintos está armando algo a través de mis manos.

Si fuera rematadamente romántica, quizá pensaría que, como la Tita de Laura Esquivel (Como agua para chocolate), estaría utilizando y afilando mis armas, en búsqueda de delicias que sirvieran de comunicación con mi Pedro… o metaforeando la pasión y el sentimiento.

 

Pero incluso reconociendo que no creo serlo y que Pedro jamás pasa por aquí (buscando islas imposibles anda), tengo que admitir que encender el horno para hacer una crema o una sopa es una desviación del amor que me habita. ¿Cómo se puede explicar de otra forma?  Yo, que soy de impulsos, que procuro ahorrar, que no rebusco ingredientes extraños, principalmente temporera, poco elaborada, y recolectora… ¿qué hago rizando el rizo a una pobre coliflor????

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Y extraigo su último suspiro, ese que impregna su carne de sabor a tierra… y envolverá la cuchara como una caricia largamente esperada, imposible de separar con facilidad. Nos llenará  la boca haciéndonos sentir satisfechos de mimos, curados de dolencias, calientes como el agua para el buen chocolate…. Y si ésto no es pura realidad mágica,  ven, prueba y luego me cuentas!!!!

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A., y la mi dieta de la Felicidad

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Aquel que es de noble estirpe y actúa como un lobo crece. Hace dos o tres semanas, pierdo el sentido de las horas y los días van pasando. “Crece”. Esa es la idea que más clara tengo en la cabeza esta mañana.

Definitivamente es muy poco para introducir ninguno de los platos que vengo cocinando últimamente. Mi vida estos tiempos está inmersa en una especie de sopor calmado, nado en un mar de alegrías naturales, en extremo simples, lejos de artificios y precisamente por eso, creo,  difíciles de describir y carentes de ningún valor.

Sin embargo esta mañana leía un artículo de Miguel Ayuso, en el Confidencial:  LA DIETA DE LA FELICIDAD.  Y yo diría que no solo porque los alimentos, en su composición nutritiva tengan “poderes” iguales o mejores que cualquier medicamento, o que se haya demostrado que las dietas alteren nuestros nervios, y que vitaminas y aminoácidos determinados mejoran, y hasta son imprescindibles para, nuestro estado emocional… sino porque en nuestra mente, relacionamos sabores, olores, texturas, formas de cocinar e incluso recetas o libros sobre cocina, con momentos de felicidad.

Supongo que cada uno tendrá su propia Dieta y yo, en este momento, estoy practicando una de ellas. Casi todas tienen en común el ser consecuente con una forma de vida saludable en su conjunto. No sé si por el instinto de perdurar, por nosotros mismos principalmente, y por otros seres que comienzan a depender de nosotros y con los que queremos compartir…  O soy solo yo la que se preocupa porque el amor dure eternamente???? Y eso es precisamente lo que me pasa. Relaciono cocina con bienestar. Bienestar con caldos y cucharas. Alegría con sopas, potajes, semillas. Guisos con tiempo al sol frío del patio, mientras A. se pierde entre las hierbas, da volteretas, me busca … y crece.

Marcella Hazan cuando habla de la Cocina Clásica Italiana,  dice que “… es un sistema de cocina que deja lugar a la improvisación y a la frescura de las intuiciones cada vez que se adopta, siempre que siga siendo un sistema reconocible y siempre que sus formas en evolución nos reconforten con ese atributo esencial de la vida civilizada que es la familiaridad…” ¡Cómo me apasiona esa forma de ver la vida, la cocina!

Paseo por muchos blogs últimamente. Tomo ideas o eso creo. Pero finalmente me pongo frente al fogón y vuelvo a mis recuerdos de siempre… a la escuela de EGB, al comedor escolar, a la cocinera María Ángeles, al menú del jueves: sopa y guiso.

Sí, porque guiso se llamaba a la carne compuesta, o a las papas con carne, en el comedor escolar cuando yo hacía EGB. Igual que decimos papas guisadas o cocinadas, nunca hervidas ni sancochadas… decimos guiso y queremos decir papas con carne y verduras hechas a fuego lento, o al menos con todos los truquis posible puestos en juego para conseguir que parezca así. Y yo, que no soy muy de carnes, cada vez que lo veo en una pizarra de menú, me quedo con las ganas de entrar y probar, buscando aquella misma densidad del caldo, aquel sabor suave ¡¡¡sin mojo, por favor, qué eso es otra cosa!!!  Y por darle algo de frescura, le añado mucha calabaza, calabacín y tomillo fresco… y por mantener ese sabor familiar: el cocinado lento y unas aceitunas al final.

 

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A. me entretiene más tiempo del normal. Pero así el caldo se convierte en puré casi, con una mezcla deliciosa de verduras y carne, apto para cuchara, pan y, con fruta: plato único del día. O de dos.

 

INGREDIENTES (aunque sea un plato que todo el mundo sabe hacer):

Poner Carne de vaca salpimentada para guisar, en tacos, sobre fondo de aceite de oliva a sellar. Una vez conseguido, ponerle cebolla, ajo, tomate, pimiento verde, todo picado en una semi-fritura con vino, pimentón y caldo (o agua).

Cerrar la olla a presión y dejar guisar bien la carne.

Una vez bien hecha, añadir: Calabaza, calabacín, zanahoria y papas, y dejar guisar y concentrar con la olla destapada.

En la última media hora, aromar con un puñadito de tomillo fresco, y al apartar del fogón, un puñito de aceitunas verdes.

Perejil, laurel, otros templumes o verduras son igualmente aprovechables… Yo le puse lo que había en ese momento, que guardar los nervios y ser feliz es también aprovechar y agradecer lo que se tiene (o algo así!!!!!) .

 

 

 

Si tú quieres, yo quiero.

En el salón entran débiles rayos de sol. Entre el hilo de la cortina, el encaje, y la rama de limonero que permanece adornada desde Navidad con pequeñas conchas, piedritas, luces y un pez de fieltro, el suelo se ilumina según va ascendiendo Lorenzo. La casa en silencio. Recién limpia y fría, muy fría, cerrada pero abierta a un Norte  de nubes y chubascos.

Me duelen los pies de tanto frío. No puedo dejar el sofá y la manta. Casi tan helados como mi cerrada cabezota que se despista con el vuelo de mosquitos inexistentes en lugar de centrarse en potencias, líneas y esquemas.

En la radio suenan “Amigos imaginarios”

http://www.youtube.com/watch?v=noSPnSqVQdU

Entre la tormenta y el aguacero, entre nubes bajas y recuerdos, de repente vi a alguien sin miedo. Pude ver algo brillante y entero, un punto de luz con un paraguas pequeño, que decía: “ven, si quieres, yo quiero”. Mirando las piezas quietas en el tablero, incapaz de descifrar de qué iba el juego, entre mis lamentos y algún trueno de repente me colé por un agujero, vi un poco de sol y a alguien desde el suelo que decía: “ven, si quieres, yo quiero”. Si quieres, yo quiero, justo aquí te espero. Entre alas rotas y muebles nuevos, tras inviernos llenos de secretos, mientras me cegaba el humo de aquel incendio, descubrí que algo brillante y entero venía hacia mí y me tocaba el pelo, y decía: “ven, si quieres, yo quiero”

Entre el aguacero y el chubasco, entre el frío y el gris, siento un aliento vivo al borde del pantalón del pijama. Había olvidado que estaba aquí …Ven, ven, ven…

Y recuerdo algo que leí a J.B.: “Para estar contento, activo y sentirse feliz, hay que estar de novio con la vida”… “echarse un amante”, “algo” o “alguien” que nos apasiona, que nos ocupa, que pensamos justo antes de dormirnos y que nos llena los sueños. No es un ritmo muy animoso ni un día soleado pero… él es brillante, y perfecto, y me mira con su paraguas chiquito y me dice “…si tú quieres, yo quiero”.

¿Cómo decirle que no?

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Es día de vísperas. Hay muuuuchas cosas que preparar para mi fiesta. Vamos, a la ducha y al mercado, que es hora de poner los fogones a funcionar!!!

Yo… no tenía ganas de mucho hablar.

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“Casi 21 de diciembre, y apenas me roza el otoño”….

Ese es el título y principio del último post que intenté allá por el 2013.

Y no es porque no haya cocinado este pasado año, en que volví a la cocina con ganas, apetito y pruebas (no tengo más que mirar mis cachetes en el espejo!!). Ni que viviera una temporada gris y convulsa (porque ya lo olvidé). Simplemente: … no tenía ganas de hablar.

Una mañana, diría que fue por el verano, me desperté con la mente y la lengua en huelga definitiva. Ya llevaba amagando desde meses atrás, ¡ya!

Recuerdo que aquel día no cogí el teléfono, desde entonces anda con contestador activado. Dí una última respuesta a una cuestión que tenía pendiente y… ¡ya!  En el trabajo, me comunico por emails. En el wasap tengo bloqueados a casi todos mis contactos laborales, que solo activé para enviar una calurosa felicitación de Navidad. Me consta que se preguntan si estaré enferma. Si me ocurre algo. … ¡¿Cómo voy a explicarles que solo es que no me apetece hablar!?

Estaba cansada de tanta charlatanería. Horriblemente cansada de intentar lo lógico, de estar siempre, de sacarme de la chistera respuestas. Y, desde aquel despertar, me siento muuuucho mejor.  Creo que decir NO cuando no se quiere, cuando no sale espontáneamente,  y dejar de luchar con la razón para vencer al corazón me ha devuelto calidad de vida. La locuacidad, no, pero, mientras no tenga que vender algo, me va bien!! ;)

Han sido cuatro estaciones muy familiares. En prácticas de mi profesión futura: “hija, tía, hermana y madrinita”. Con momentos de una ternura indescriptible, con ratos de cansancio físico, con vacaciones largas visitando lugares que NECESITABA conocer… llenándome profundamente de ellos. Descubriéndome a través de esos paisajes,  portadora de mi sangre (isleña).  Y a nivel más personal, haciendo acto de contricción, parando el análisis, reconociendo mis errores, aceptando mis fallos, perdonando los propios y los ajenos. Y aquí estoy!!!!

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Hace poco me preguntaron qué extrañaba. Respondí “no lo pienso”. De hecho esta Nochevieja no hice balance, ni antes ni después…, aunque sí me pesaba algo que necesitaba aclarar.  Lo intenté pero solo logré repetirme. Temo que si vuelvo sobre ese punto oscuro, se removerán todas las palabras (y reproches) que decidí olvidar, no decir… y todas las disculpas debidas… y el pecho se estremecerá como  magma ardiente (influenciada estoy por el volcán de el Hierro!!!).

-No sé… Quizá sólo echo de menos un poco de espontaneidad, de inocencia,  de frescura, cortarme la cerneja muy  muy chiquita ……. bailar…

Así fue. Así ocurrió. Ayer supe que de tanto extrañarlo, casi había olvidado esta magia loca. En uno de los días más fríos de los últimos tiempos, decidí desayunar despacito y sola al sol, corrí descalza y mal tapada por el patio, preparando y devorando (cámara a cuestas) “pan con” Paté de Calabaza que había perfeccionado el día anterior, tomate y muchas yerbas. Qué explosión sincera de júbilo.

Qué asombro.¡¡¡¡¡¡ Qué cosquillas !!!!!  Los dedos me chorreaban, untuosos, olorosos

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…. Olor a horno, a pan y a orégano. A aceite, a tomillo… Un toque denso y profundo de semillas… Una brisa de tomate que me evocó al verano… y el cálido de calabaza y pimienta.

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Bueno, en mi línea (que hay cosas que no cambiarán jamás),  la receta y el bocadillo son simplemente simples, como ven, pero si realmente quieren que la revolución se haga en ustedes: prueben, y apasiónense con todos los sentidos. 

El paté con los ingredientes de arriba – ¡¡y sí, muuucho limón y pimienta y comino y ajo asado y tahine …o nos quedará remelosamente dulce!!- . El pan con buen aceite y orégano a la plancha, combinando tierno y crujiente; y, dentro, la olorosa crema reposada desde el día anterior, rodajas de tomate, tomillo tierno de la maceta del balcón sin balconada y más pimienta roja recién molida.

El cielo era azul y calimoso, y yo, con el mismo alboroto de los pájaros que no cesaban, casi como un milagro, sentí las ganas de contar desde las tripas hasta la lengua. Ganas intensas de hablar.

¿Ahora?, …¡¡¡todo será que no tengan que pedirme que me calle !!!!

El verano por las mañanas.

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El verano ya huele.
A pimienta verde, a queso viejo, a orégano, gofio y papas guisadas.
“¡Date prisa, enciende el fogón, que luego hay que cerrar las ventanas!”
Runrunean las moscas, y el ansia revolotea como todos los pájaros, al amanecer.
Los pies sucios de tierra, los dedos y los labios mojados del sereno, la leche que casi sube y se derrama en el fogón, el agua que chapotea en el tronco de cada una de las ramas de la selva.
Todo es de color intenso: el fucsia de los don diego, que se cierran a estas horas; el de los mimos y las amapolas que, justo al amanecer pierden su capuchón verde tierno y airean sus enaguas rojas. Todo, menos el blanco algodonoso de las sábanas, y el polvo que cabalga sobre ese rayo de luz dorada, por entrelosresquicios de las contraventanas de la habitación.
Luis Morera canta en un tono que me resulta cercano y familiar. Y yo, poco a poco, despierto de la hipnosis de este sueño. “Apaga el móvil media horita más, que ya luego trabajaré más duro pero… ahora es verano, y este tiempo no ha de volver jamás”, me digo.

Arte de Vivir. Luis Morera

DSCF6195Y llega el sonido de esta mañana de verano que se despierta mezclado con el embriagante olor de esta receta de siempre. De esas que añoras desde que llegan los calores. De esas que te piden desde que apetece una cerveza… en cuanto  suenan los voladores de las primeras romerías y fiestas. De las que se te antojan, cuando recuperas el gusto del paladar, y ese otro gusto, el de por la vida… que por muy dormido que esté, no remolonea más allá de San Luis, a mucho tardar San Juan, o definitivamente por San Pedro da un taconazo en el suelo, estrena braga y se pone en marcha, otra vez, como cada año, como siempre mientras uno esté.

Que sea especial, para todos.

Ansiando Verano

ImagenLeía. Lo confieso.
Precoz, glotona, impulsiva, compulsiva, independiente, instintiva… leía.
Y dejé de hacerlo un día que sentí que VIVIR era más urgente.
Impaciente, ávida, como mariposa con poco tiempo, no encontraba la calma para otros sentimientos que no fueran los que yo experimentaba.
De aquella primera época recuerdo a Antonio Muñoz Molina. Era raro que en los 80-90 yo leyera algo contemporáneo. Tenía poco tiempo, tenía que ir sobre seguro. Los maestros, por puro instinto, me atraían más.
Recuerdo que fue en el pisito de la Calle Iriarte, en la habitación del papel pintado de campo dorado y minúsculas flores que daba a los laureles de la Plaza Militar. Lourdes me contaba sus últimas desventuras y yo, mucho más chica, intentaba convencerla de que aquello no era más que una oportunidad para tantas puertas cómo tenía (teníamos) abiertas. Tan osada como optimista…
Entre el té y las risas que finalmente florecieron, salió su nombre. Yo había oído algo en la radio que me había llamado la atención del joven escritor, lo tenía guardado en algún lugar de la memoria con chinchetas… y ella decidió que era una buena inversión y manera de comenzar aquella nueva (la número 318) etapa.

Lo compró y después de leerlo, me lo prestó.
Desde entonces tengo en mi Libro de Viajes por hacer, una marca en Donosti, y otra en Lisboa.

No lo volví a buscar. Y hasta miedo me da. Después caerían El Jinete Polaco, Beltenebros, Plenilunio, … y hasta ahí.
Creí firmemente que él pasaría a ser uno de los autores que alguien como yo, algunas décadas después, buscaría en la Cuesta Moyano, como yo buscaba a Flaubert o a Maupassant… ¡¡¡atrevida es la poca edad!!!

Ayer escuché su nombre en todas las noticias. Vi que casi no podía reconocerlo en su aspecto de señor mayor de hoy. Y en un reencuentro con cosas que un día me hicieron paladear la vida calma, lo busqué. Y lo encontré. Y ahora el principio de un verano en Nueva York es otro de los marcadores que, casi seguramente, no me voy a engañar, olvidaré.

Para la ocasión, y como desde la última fiesta en el cuarto verde, se abrían unas rosas rojas en el comedor, cociné unos rápidos espaguetti del mismo color. Intensos, muy intensos, cremosos, sabrosos tomates me envolvían la boca mientras le volvía a leer…
La música sonaba.
Las ventanas estaban abiertas.
Las ranas no paraban (no lo han hecho ni un día desde…).
El vino era oscuro y levemente dulzón…Imagen

“Aire de verano
may 21 2013

Hay un cambio sutil en la atmósfera y de pronto es verano. La sensación del verano en Nueva York es olfativa y táctil: el vapor de agua vuelve el aire tangible, le da una pátina de humedad al verde de la hierba y de las hojas de los árboles. Y hay un olor peculiar que es otro de los indicios del verano y que ayer no se percibía, una suma de olores que se hará más densa según pasen los días: olor a tierra mojada, olor a savia, olor dulzón a basura que empieza a descomponerse, olor a neumáticos recalentados. Dentro de poco, quizás mañana mismo, o la semana que viene, después de la gran divisoria de Memorial Day, hará ya un calor de jungla y de trópico, de manglar indonesio. de tormenta monzónica. Pero hoy, todavía, esta mañana, el verano es una bienvenida, un tacto sensual del aire en la piel cuando se sale a la calle y se dilatan las aletas de la nariz, una bruma ligera que se vuelve opaca en la lejanía recta de las avenidas.”

Antonio Muñoz Molina, en Escrito en un Instante.”

Abril, y Felices Pascuas

Llega en 1 y en lunes.

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No podía presentarse con mejor augurio.
Allí se va marzo. Guardo la carpeta con las 388 imágenes (cocina aparte) que cuentan de borrascas, alegrías, nervios, emociones y amor durante 31 días.
Y abro una nueva que rotularé con trazos cuidadosamente arábigos. Como única forma de comunicación con el dios a quien va dirigida.
Y ella vendra, …sensual y soleada.
Llegará para quedarse, con sus brazos de sol.

La ALEGRÍA… Esa de las pequeñas cosas, la que se pretende, la que se lucha, la que se compromete, la que se aprende y se busca.

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Este domingo de pascua ha sido muy diferente a todos los que recuerdo.   Fui educada y crecí en un ambiente cristiano pero, realmente, creo que muchos de los conceptos no los aprendí bien. Es ahora, tantos años después, cuando empiezo a vislumbrar el fondo de los símbolos y de los preceptos. No es que mi cabeza pueda olvidar sus razones, pero me llegan, diáfanos, los conceptos que antes no pude entender y que, de alguna manera, anidaron en mí sin palabras, calando con sus pequeños gestos.

Ayer, el primer domingo después de la luna llena tras el equinoccio, recordé que, de niña, después de días de silencio, de respeto extremo, de gravedad en el ambiente, de ayunos y dietas, de la solemnidad de los duelos… Después de la noche y del frío del invierno… Después… Ellas solían aparecer de nuevo por casa.
Estaban alegres, y a veces traían rebanadas.

Rebanadas

Entonces yo no entendía, como hoy, que la luz, la esperanza, el cambio, la libertad, la oportunidad, lo que comienza… tiene tanto poder de alegrar los corazones. Y me sentí profundamente conmovida al darme cuenta. Agradecida a lo que estos últimos años me ha espoleado la curiosidad y abierto las miras (pobres y limitadas, se reiría alguien). Agradecida por la alegría, por la oportunidad, por las ganas de que nadie maltrate mi recién nacida confianza.

“Rebanadas” se llamaron siempre en mi casa. Ni torrijas ni sopas ni tortas: Rebanadas.

No eran postre de Semana Santa. En realidad, salvo el guiso de pescado salado del viernes, la cocina de estos días la recuerdo especialmente simple. Sin mayores excesos ni algarabías. Espartana, que no era tiempo de jugar con cuchillos esos días. Pero eran, fueron, son, bocados de aprovechamiento. Fáciles de comer, humildes, mamá las hacía muchas veces que sobraba pan, para que papá llevara a trabajar.

Bocado Rebanada

“Rebanadas” traían a veces mis tías la mañana de pascua de resurrección. Rebanadas son las que ayer hice al levantar. Domingo soleado y calmo, que empezó llenando los huecos con los recuerdos recuperados.

Rebanadas le ofrecí simbólicamente para desayunar. Con gruesitas rodajas de pan de Puntallana  comprado el jueves santo. Auténtico, hecho en horno de leña. Mojadas en leche levemente azucarada, huevo, matalahúga, canela, naranja, limón y un chorretón generoso de anís (porque no tenía Marie Brizard (ya lo tengo anotado en la lista de la compra de esta semana). Parsimoniosamente embebidas, y fritas en oliva. Cuando el pan es así de bueno, se forma una costra crujiente y toda la casa huele. A mí me gusta colar la leche que sobra, y con eso acompañarlo para desayunar. Con cuchillo, tenedor y cucharita… corto, pincho, mojo, bebo… y en ese ritual voy dejando los “¡ayes!”… Me voy despertando.

Y a todos: ¡Felices Pascuas!

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A un día

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A un día de la PRIMAVERA de 2013.

A uno solo, aunque lleva anunciándose en mí desde hace un cierto tiempo.

Mañana, pero dándole la bienvenida desde que la siento despertarme las venas.

Con las ganas inmensas de renovación. El apetito intacto por las cosas buenas. El deseo y la seguridad de querer intentarlo. Quiero volver a mis cosas, a mí misma, aquí.

Y entre una estación y otra, el horno se vuelve a encender. Pretendiendo, como siempre, como tantas veces, crear una envolvente y tibia atmósfera, donde una copa de vino, una sola (que sabes que a la segunda me brilla la nariz), transparente, oscura, aromática, dulzona, que acompañe a las verduras, las especias, al queso, al yogurt… Porque hay alimentos que agasajan la vista, calman el espíritu, aportan alegría, avivan los deseos… Como la primavera. Como tú.

My songbird

Luego, más. Más luego, más.

Cubre mis pies una caricia densa de arena y sol. Despierta lentamente mi cuerpo, aletargado después de las últimas inclemencias, al calor y la luz. Bulle despacio la sangre, se escucha un eco profundo de vida, y es mi vida que despacio retoma sus sendas eternamente nuevas. Se respira primavera. Aleteo mis diminutas alitas al sol. Me cosquillean yerbas en los pies.

Al escribir ésto, nunca pensé que tantas veces más me valdría de leif motiv.

Pero llega otra estación, y otra vez me cosquillea y me salen alitas diminutas, me suena trompetera la primavera, como verduras asadas con jugo de naranja, yerbas, pimientas y oliva, y hago salsa de yogur, limón, comino y queso, y canto, y regalo, y bailo… porque se impuso la más loca cordura y venció la dictadura de la primavera.

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Haciendo camino. Dando pasitos.

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A pocos días. Ya casi. Empecemos pues…
Como quien comienza un año. Como quien planea un futuro. Como quien decide un cambio. Y es que, lo decido.
¡¡ Bonjour!!

Estuvo… y se fue.

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Se le esperó. LLegó. Estuvo. ¡Se fue!

… dejando un sabor esperanzado en la boca.

¡Felicidades a todos!

 

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