A., y la mi dieta de la Felicidad

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Aquel que es de noble estirpe y actúa como un lobo crece. Hace dos o tres semanas, pierdo el sentido de las horas y los días van pasando. “Crece”. Esa es la idea que más clara tengo en la cabeza esta mañana.

Definitivamente es muy poco para introducir ninguno de los platos que vengo cocinando últimamente. Mi vida estos tiempos está inmersa en una especie de sopor calmado, nado en un mar de alegrías naturales, en extremo simples, lejos de artificios y precisamente por eso, creo,  difíciles de describir y carentes de ningún valor.

Sin embargo esta mañana leía un artículo de Miguel Ayuso, en el Confidencial:  LA DIETA DE LA FELICIDAD.  Y yo diría que no solo porque los alimentos, en su composición nutritiva tengan “poderes” iguales o mejores que cualquier medicamento, o que se haya demostrado que las dietas alteren nuestros nervios, y que vitaminas y aminoácidos determinados mejoran, y hasta son imprescindibles para, nuestro estado emocional… sino porque en nuestra mente, relacionamos sabores, olores, texturas, formas de cocinar e incluso recetas o libros sobre cocina, con momentos de felicidad.

Supongo que cada uno tendrá su propia Dieta y yo, en este momento, estoy practicando una de ellas. Casi todas tienen en común el ser consecuente con una forma de vida saludable en su conjunto. No sé si por el instinto de perdurar, por nosotros mismos principalmente, y por otros seres que comienzan a depender de nosotros y con los que queremos compartir…  O soy solo yo la que se preocupa porque el amor dure eternamente???? Y eso es precisamente lo que me pasa. Relaciono cocina con bienestar. Bienestar con caldos y cucharas. Alegría con sopas, potajes, semillas. Guisos con tiempo al sol frío del patio, mientras A. se pierde entre las hierbas, da volteretas, me busca … y crece.

Marcella Hazan cuando habla de la Cocina Clásica Italiana,  dice que “… es un sistema de cocina que deja lugar a la improvisación y a la frescura de las intuiciones cada vez que se adopta, siempre que siga siendo un sistema reconocible y siempre que sus formas en evolución nos reconforten con ese atributo esencial de la vida civilizada que es la familiaridad…” ¡Cómo me apasiona esa forma de ver la vida, la cocina!

Paseo por muchos blogs últimamente. Tomo ideas o eso creo. Pero finalmente me pongo frente al fogón y vuelvo a mis recuerdos de siempre… a la escuela de EGB, al comedor escolar, a la cocinera María Ángeles, al menú del jueves: sopa y guiso.

Sí, porque guiso se llamaba a la carne compuesta, o a las papas con carne, en el comedor escolar cuando yo hacía EGB. Igual que decimos papas guisadas o cocinadas, nunca hervidas ni sancochadas… decimos guiso y queremos decir papas con carne y verduras hechas a fuego lento, o al menos con todos los truquis posible puestos en juego para conseguir que parezca así. Y yo, que no soy muy de carnes, cada vez que lo veo en una pizarra de menú, me quedo con las ganas de entrar y probar, buscando aquella misma densidad del caldo, aquel sabor suave ¡¡¡sin mojo, por favor, qué eso es otra cosa!!!  Y por darle algo de frescura, le añado mucha calabaza, calabacín y tomillo fresco… y por mantener ese sabor familiar: el cocinado lento y unas aceitunas al final.

 

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A. me entretiene más tiempo del normal. Pero así el caldo se convierte en puré casi, con una mezcla deliciosa de verduras y carne, apto para cuchara, pan y, con fruta: plato único del día. O de dos.

 

INGREDIENTES (aunque sea un plato que todo el mundo sabe hacer):

Poner Carne de vaca salpimentada para guisar, en tacos, sobre fondo de aceite de oliva a sellar. Una vez conseguido, ponerle cebolla, ajo, tomate, pimiento verde, todo picado en una semi-fritura con vino, pimentón y caldo (o agua).

Cerrar la olla a presión y dejar guisar bien la carne.

Una vez bien hecha, añadir: Calabaza, calabacín, zanahoria y papas, y dejar guisar y concentrar con la olla destapada.

En la última media hora, aromar con un puñadito de tomillo fresco, y al apartar del fogón, un puñito de aceitunas verdes.

Perejil, laurel, otros templumes o verduras son igualmente aprovechables… Yo le puse lo que había en ese momento, que guardar los nervios y ser feliz es también aprovechar y agradecer lo que se tiene (o algo así!!!!!) .

 

 

 

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4 thoughts on “A., y la mi dieta de la Felicidad

  1. polita

    ¿A? ¿Es negro, pequeño y peludo? Tienes que hacer una presentación más formal, que me muero de ganas de verlo…

    Esos guisos con carne yo apenas los hago, pero me recuerdan a mi niñez, bien de patatas, eso sí. Le diré a mi madre cuando vaya a Madrid.

    Besotes.

    • adormidera

      Es negro. Es pequeño. Es peludo. Es él… ¡¡¡A!!! Tiene los ojos redondos, brillantes, oscuros. Es suave y no … no es Platero ;))
      A ver si consigo hacerle una foto con los ojos abiertos… que los tiene 20 de 24 horas, eh?, … pero solo dormido me deja mirarlo bien. No sé si tiene hiperactividad, o que yo estoy ya muy mayor!!!
      Si bien intuía yo, que pego más con alguien GRANDE (entonces no le hubiera puesto A., sino Sol o Canelo) . Sin embargo éste es chico, desinquieto, hiervehierve (léase jiervejierve), enredador … y me tiene el corazón latiendo al 100%.

      Mamá no hacía guiso. Mira tú… Otro tipo de salsa sí, más potente, más isleña: con pimienta palmera o alguna cucharadita de mojo, y papas guisadas o fritas aparte, pero ese desmigaje de papas y verduras, pues no!
      Ayyyyy, no dejes de decírselo a tu madre, que a ella seguro le gustará, también, recordar tu niñez!!!

      Un abrazo fuerte, Poli!!

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