Yo… no tenía ganas de mucho hablar.

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“Casi 21 de diciembre, y apenas me roza el otoño”….

Ese es el título y principio del último post que intenté allá por el 2013.

Y no es porque no haya cocinado este pasado año, en que volví a la cocina con ganas, apetito y pruebas (no tengo más que mirar mis cachetes en el espejo!!). Ni que viviera una temporada gris y convulsa (porque ya lo olvidé). Simplemente: … no tenía ganas de hablar.

Una mañana, diría que fue por el verano, me desperté con la mente y la lengua en huelga definitiva. Ya llevaba amagando desde meses atrás, ¡ya!

Recuerdo que aquel día no cogí el teléfono, desde entonces anda con contestador activado. Dí una última respuesta a una cuestión que tenía pendiente y… ¡ya!  En el trabajo, me comunico por emails. En el wasap tengo bloqueados a casi todos mis contactos laborales, que solo activé para enviar una calurosa felicitación de Navidad. Me consta que se preguntan si estaré enferma. Si me ocurre algo. … ¡¿Cómo voy a explicarles que solo es que no me apetece hablar!?

Estaba cansada de tanta charlatanería. Horriblemente cansada de intentar lo lógico, de estar siempre, de sacarme de la chistera respuestas. Y, desde aquel despertar, me siento muuuucho mejor.  Creo que decir NO cuando no se quiere, cuando no sale espontáneamente,  y dejar de luchar con la razón para vencer al corazón me ha devuelto calidad de vida. La locuacidad, no, pero, mientras no tenga que vender algo, me va bien!! 😉

Han sido cuatro estaciones muy familiares. En prácticas de mi profesión futura: “hija, tía, hermana y madrinita”. Con momentos de una ternura indescriptible, con ratos de cansancio físico, con vacaciones largas visitando lugares que NECESITABA conocer… llenándome profundamente de ellos. Descubriéndome a través de esos paisajes,  portadora de mi sangre (isleña).  Y a nivel más personal, haciendo acto de contricción, parando el análisis, reconociendo mis errores, aceptando mis fallos, perdonando los propios y los ajenos. Y aquí estoy!!!!

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Hace poco me preguntaron qué extrañaba. Respondí “no lo pienso”. De hecho esta Nochevieja no hice balance, ni antes ni después…, aunque sí me pesaba algo que necesitaba aclarar.  Lo intenté pero solo logré repetirme. Temo que si vuelvo sobre ese punto oscuro, se removerán todas las palabras (y reproches) que decidí olvidar, no decir… y todas las disculpas debidas… y el pecho se estremecerá como  magma ardiente (influenciada estoy por el volcán de el Hierro!!!).

-No sé… Quizá sólo echo de menos un poco de espontaneidad, de inocencia,  de frescura, cortarme la cerneja muy  muy chiquita ……. bailar…

Así fue. Así ocurrió. Ayer supe que de tanto extrañarlo, casi había olvidado esta magia loca. En uno de los días más fríos de los últimos tiempos, decidí desayunar despacito y sola al sol, corrí descalza y mal tapada por el patio, preparando y devorando (cámara a cuestas) “pan con” Paté de Calabaza que había perfeccionado el día anterior, tomate y muchas yerbas. Qué explosión sincera de júbilo.

Qué asombro.¡¡¡¡¡¡ Qué cosquillas !!!!!  Los dedos me chorreaban, untuosos, olorosos

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…. Olor a horno, a pan y a orégano. A aceite, a tomillo… Un toque denso y profundo de semillas… Una brisa de tomate que me evocó al verano… y el cálido de calabaza y pimienta.

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Bueno, en mi línea (que hay cosas que no cambiarán jamás),  la receta y el bocadillo son simplemente simples, como ven, pero si realmente quieren que la revolución se haga en ustedes: prueben, y apasiónense con todos los sentidos. 

El paté con los ingredientes de arriba – ¡¡y sí, muuucho limón y pimienta y comino y ajo asado y tahine …o nos quedará remelosamente dulce!!- . El pan con buen aceite y orégano a la plancha, combinando tierno y crujiente; y, dentro, la olorosa crema reposada desde el día anterior, rodajas de tomate, tomillo tierno de la maceta del balcón sin balconada y más pimienta roja recién molida.

El cielo era azul y calimoso, y yo, con el mismo alboroto de los pájaros que no cesaban, casi como un milagro, sentí las ganas de contar desde las tripas hasta la lengua. Ganas intensas de hablar.

¿Ahora?, …¡¡¡todo será que no tengan que pedirme que me calle !!!!

Anatomía de un sábado perfecto.

La primavera definitivamente llegó revolucionando vida.

Creo recordar que me habían augurado que en este año  habría cambios para mí  por no sé qué historia de números múltiplos de… Lo siento, no consigo a estas horas hacer un ejercicio profundo de memoria. La cosa es que no debía ir descaminado el augur (aparte que tuviera la llave de alguno de los secretos)…  la vida, desde que cumplí los 42 (¡¡y siempre!!), no deja de renacer una y otra vez, girando, haciendo esquinas, reabriendo senderos, inventando pasos.

Siguen ocurriendo sueños, casualidades, mensajes que me llegan de la forma más inesperada. No sé… cuando uno está adormecido, con el alma un tanto cansada de idas y venidas, necesita pequeños estremecimientos  que le ayuden a espabilar. Yo me he ayudado de música, de letras, de renglones leídos al azar, de amistades nuevas. La energía fluye en plena libertad y eso, igual que doy y vuelco, me llega y llena a mí también.

No quisiera nunca olvidar que los días marchan del blanco al negro más radical. Ser consciente a cada instante que el universo se araña con mis actos, con los de cada cual pero que, a la vez,  soy nadie. Ayer fue día lleno de pequeños  actos mágicos. Había empezado, realmente, desde la madrugada del viernes. Una charla aún inconclusa, medio explicar que soy una sobreviviente que hace locuras, que el amor empieza en las pequeñeces y que la compasión es más difícil cuando tenemos a la persona junto a nosotros , más fácil con quienes acabamos de conocer o no conocemos realmente, pero que el verdadero amor está aquí, no está allí, soñado, ausente, futuro… el verdadero amor se demostraría evitando hacer con nuestras patotas de elefante, muescas a quienes sólo han pecado acompañándonos y queriéndonos día a día.

En fin, no quiero ahondar en corazones imposibles cuando, precisamente, estoy rodeada de otros cercanos, que conocen los pactos de convivencia y las elementales normas del cariño.

Sólo quiero contarles que ayer tuve un día perfecto. Amanecido muy temprano…  escribí ésto al atardecer para alguien, un pequeño resumen de la mañana, y de la que quiero entresacar uno de esos que yo llamo: momentos mágicos (señal, mensaje).

Paseo en guagua muy temprano (el traqueteo, la despreocupación, el paisaje y el paisanaje)
Paseo por la playa, el primer contacto de mis pies desnudos con la arena, el primer baño.
Paseo por la ciudad, el olor del primer café de la semana (me estoy cuidando), de la lechuga fresca entre el pan, al primer bocado.
Paseo por la feria, dos libros, un regalo… un camino a la felicidad.
Paseo hasta la plaza envuelta en ella misma, la gente, la música, el baile, el color, ellos, tú, yo, nosotras.
Paseo por la C. Real, una niña de nueve años empuja una silla de ruedas de otra niña con las piernas escayoladas, sonríen abiertamente las dos.
Una mirada, una sonrisa, un escote que se abre al sol, un baile que se mete en el alma y mi pensamiento que vuela para tí, llevándote el sol entero.

Y entresaco:

Paseo por la C. Real, una niña de nueve años empuja la silla de ruedas de otra niña con las piernas escayoladas, sonríen abiertamente las dos.

¿Pueden realmente hacerse idea de la imagen?

Dos crías, de la misma edad, las dos sonrientes ante la calle llena de gente  y su “loca carrera” de obstáculos. ¿La diferencia? Una llevaba a la otra. Una andaba, la otra desmadejada en una silla especial, con sus piernitas atrapadas en cemento y cola.  Ahora que lo recuerdo, me estremezco, entonces fue un flash. Me paré en mitad de la calle y me giré a mirarlas … ¡qué demonios he hecho alguna vez quejándome! …. ¿Aún no te has dado cuenta? No, creo que no… y sólo por ello me permito hoy un minuto de pena… sólo por ello.

Y ahora, inmediatamente después de esos 60 segundos que te he regalado, otra vez la confianza, la risa, la esperanza, la seguridad de que el amor y la vida es otra cosa que éso. Amor y vida eran las risas de esas niñas, amor y vida, son los mensajes de mi amiga S. (dios, niña, tú no sabes cuánto me haces sentir y cuánto aprendo día a día… bendita casualidad y bendito Ipernity de las narices – por otro lado-), amor y vida es mi madre, y el fotógrafo que me acompañó la mañana de ayer… amor y vida son estos dos corazones, y otros tantísimos que no se dejan atormentar, que no se dejan atar, que se dan y reciben con elegancia, con seguridad, con alegría…

Bailé salsa, compré lectura que  hoy comenzaré antes del segundo baño del año, el segundo después de esta nueva etapa renaciente que me toca gozar. Vi, toqué, me llené, me di…  Y así es la anatomía perfecta de lo que es perfecto. Gracias a todos. 

¡Ahhh! ¡Sí! ¡Perdón! ¡glub! Qué ésto va de comida…

Pues después de andar por ahí,  ¿te parece que repitamos bocata? Oh… es que así, no tengo nada más que explicar 😉 La crema de berenjenas está en la nevera… una ensaladita rápida de perejil (tomate, hortelana, cebolla, perejil, aceite y muuucho limón)… pepino finito, queso tipo crema y a comer. ¡Ah!, que no hay pan… pues habrá harina… improvisamos unas arepas…

En cuanto a la música… No sé… Últimamente tengo el replay mental puesto…  ¡¡¡¡Feliz día, feliz semana!!!

Crema de berenjenas ahumadas

Defendiendo la alegría, la belleza, la luz en mi vida.

Defendiendo las cosas buenas, los faros encendidos, la calidez del sol.

Defendiendo lo que me gusta, lo que quiero…

Defender:

1. tr. Amparar, librar, proteger. U. t. c. prnl.

2. tr. Mantener, conservar, sostener algo contra el dictamen ajeno.

3. tr. Vedar, prohibir.

4. tr. Impedir, estorbar.

5. tr. Abogar, alegar en favor de alguien.

Entonces abogo por mi derecho a la alegría, a su conservación.

Vedo y prohibo que nadie reabra mis heridas, ni me haga otras nuevas.

Mantengo y sostengo mi derecho inalienable a sonreír y hasta reír a carcajadas.

Libro y protejo (de todo mal) mi pequeño reducto.

Algunas veces ha salido el tema por aquí de las señales… sueños o cosas que he visto que, repentinamente, me sacan de la rutina y me hacen poner los pies en la tierra, por mucho que deseara volar.

La semana pasada fue un taconeo fuerte de mis botas.

Esta semana ha podido ser un sueño…jamás los recuerdo, pero cuando ocurre, ¡jolín! Era un sueño bello, otra vez con colores y muchísima luz, brillo, una voz, la certeza de que me hablaba un ángel. Esas cosas sólo ocurren en los sueños, lo sé. Y sueños son. Pero… si pudiera contar lo que me dijo sin que me tacharan de loca…

Luego, ayer, vi dos arcoiris encadenados… ¡fue increíble! Por un instante, dos hermosos semicírculos casi perfectos formaron un acueducto. Yo no sé si eso puede pasar, ni como pasó… pero la bruma caía sobre las montañas del Paso, el gris hacía lucha con los rayos del sol “atardeciente” y ahí se formó… a la entrada justo del túnel… son puuuuuuras casualidades pero ocurrieron delante de mis ojos.

Igual que escuché durante días, a la misma hora, y donde quiera que estuviera, croar las ranas. ¡¡Si apenas quedan ranas ya… si apenas hay estanques siquiera, si era pleno invierno aún!!… O trinar de pájaros con las ventanas del coche a cal y canto, la radio puesta y el runrún de los coches a la carrera por llegar a trabajar zumbando alredor. O vi una orquidea que me saludaba asomada a un ventanuco…

No sé si eso significa que uno se despierta de repente. Que los oídos se destaponan y los sentidos, ese instante, están especialmente despiertos… Lo que sí sé es que ocurre, me ocurre.

Luego, un comentario de alguien que dice que espera de mí… lo que sea. Y amanece sábado otra vez… y la vida vuelve a subirme empujando fuerte desde los pies. Me obliga a ponerme en marcha esta mañana con mucho gusto, a ponerme bella, a mirarme bien, a acariciarme despacio y, por supuesto, a venir aquí, a compartir. Porque sólo se puede hacer con quien lo desea… ¿contigo, a lo mejor?  

Y como prometo volver dejo preparados los huecos para:

 

CREMA DE BERENJENAS AHUMADAS (casi libanesas)

Asar directamente una berenjena grande, o dos más pequeñas, sobre el hornillo del fogón (mala suerte los que tenéis vitro, porque la diferencia con otras cremas de berenjenas es precisamente ese sabor ahumado tan particular). Ir dando vueltas bastante frecuentemente hasta que esté la piel chamuscadilla. Dejar enfriar tapada y pelar.

Por supuesto todo se hará un cristo, pero… nada que no se pueda limpiar.

Seguidamente moler con ajo, limón, sal, pimienta y aceite. Volcar en un recipiente de cristal y mezclar con una cucharada de tahín. Cubrir con aceite para conservar y/o para servir. Al guardarse, tiende a espesar, así que habrá que ir cogiendo el truqui. O batir bien con un tenedor a la hora de servir.

 

CROQUETAS DE GARBANZOS (falafels o como se llamen) para Elo, que ya los demás me las habéis leído más de una vez.

Remojar un buen puñado de garbanzos durante 24 horas .

Moler con 1/2 cebolla + sal + ajo seco + comino molido + pimienta + sésamo  y bien de cilantro fresco  (opt. pizca de jengibre y/o perejil… no siempre los pongo).

 Si hay tiempo, se guarda en la nevera para que concentre el sabor (en este caso, en último momento se puede poner más cilantro fresco), y si está húmedo, lo suelo amasar con un espolvoreo de harina pan. Se forman unas croquetas-albóndigas medio aplastaditas y se fríen.

Para acompañar, una ensalada con lechuga, cilantro fresco, aceitunas, cebolla, pepino, tomates (lo que guste), y salsa de yogur con comino.

 

Nota: Perdón por la semillita de comino que se me coló en la crema de berenjenas, y aclarar que la pita está untada en berenjenas y rellena por lo demás… una delicida.

 

 

Hoy confieso (Bocata verde y rojo)

DSCF7584Hoy confieso que este verano ha sido distinto.

Confieso que no he disfrutado del agua del riego al amanecer, que no me he levantado alegre y descalsa, que no he desayunado cuencos de fruta y zumos, que no he inventado cada día una ensalada, que no siempre he acudido a la cita con el sol. Confieso que no te he pensado absolutamente cada noche, que la creatividad estuvo escasa, que no he tenido tiempo de estremecerme con las piernas al aire esperando una foto, que sigo sin plantar nada. Confieso que a veces me he arrepentido de la decisión tomada aquellos días de abril-mayo, de aquella senda que escogí por no dar la espalda a lo que me ofrecía la vida. Confieso que no he escuchado a los niños del vecindario gritar en la plaza, ni chapotear en la piscina del vecino, que no he visto la parejita adolescente del año pasado tonteando al atardecer en la entrada de la finca. Confieso que he adormecido a conciencia mi piel, que no he ido a la playa, que pocas veces jugué a la lluvia bajo la manguera, que no remojé la hortelana para evocar viejos fantasmas de patios de niñez.

Confieso que no ha sido un verano al uso, con siestas, modorra, sensualidad, calor, moreno, helados y pasión. Confieso que se me pasó el momento de la vuelta al cole, que no he olfateado el aire en busca del aroma a libro nuevo, que no he cotilleado los escaparates mirando creyones y cuadernos como siempre me gustó hacer. Confieso que las sandalias rojas que me enamoraron allá por los primeros de junio quedaron olvidadas en alguna calle por la que pasé a la carrera, y a la que luego no supe volver.

Confieso, también, que he aprendido mucho estos meses, que ahora sé que puedo hacer más de lo que creía, que cada día no tiene que ser como yo acostumbraba a vivir, que hay otras formas. Confieso que no ha sido el estío que soñaba para mis 41. Confieso que me sorprendió. Confieso que aún no tengo pero nada claro que sea el que quiero vivir a mis 42 (con calma, aún falta mucho aún para decidir o que decida el destino por mí). Confieso que he comprobado algunas cosas que ya sabía, como que tener más dinero no hace en absoluto más feliz, o que no se recoge lo que se siembra.  Confieso que me he redescubierto espartana e inútil para las cuentas. Confieso que en este instante no hay nada que me interese y que se pueda comprar.

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Confieso que hay cosas que cambiaron y otras que no han cambiado nada. Confieso que me gusta ser independiente, aunque aún no encontré la manera de compatibilizarlo con la manera en que quiero vivir día a día. Confieso que me gusta aprender y entregarme y afianzarme en que éso quiero que siga siendo así. Confieso que hay cosas que estoy pensando y me callo porque a nadie le interesan ya, y sin embargo cómo pugnan y revuelven por salir.

Confieso que de otra manera he explotado este verano y esta nueva faceta, y ha estado bien. Confieso, al mismo tiempo, que el agua que da ahora contra los cristales y esta melancolía de olores perdidos a eucaliptos, bizcocho caliente, cera, jengibre y té está mucho más cerca de lo que me hace feliz aunque sea un paraíso del que me echaron o perdí.

A pesar de todo, me confieso menos remisa a la estación que se va y, sobre todo, devota de la que está por llegar. Confieso que pecaré otra vez haciendo planes e intentando no perderme nada, sea lo que fuera que me depare el hoy. Está aquí septiembre, el que no esperaba y sin embargo deseaba, mis vacaciones siguen estando en el aire, no sé si esta vez sentarme y esperar que me sorprenda algún nuevo cambio o lanzarme yo a buscar. ¿¿Tú qué harías si pudieras tener un tiempo en soledad?? …Aparte compartir un bocata de pesto y aguacate al atardecer…

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Dame viento y haré molinillos (Bocados de pan y berros)

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 http://www.youtube.com/watch?v=FVpDOIPx_sY

dscf6416 Dice un dicho holandés que  “No se puede evitar el viento, pero se pueden construir molinos”.

Así me licencio a veces de una carrera que no tengo, haciéndome ingeniero de mis propios recursos, transformando el eterno viento en luz, calor, color, energía y no en voz porque no tengo, pero ahí queda la de la Joplin.

Como los granos de mostaza en este bocadillo que me aconsejaste alguna vez… “¡¿no has probado los berros con mayonesa?!”   -Ahora ya sí.

Leyendo en alguna parte alguien definía su sabor picantón como a mostaza… Dudé, no tengo el paladar tan desarrollado y la mostaza no la sabría definir. Pero… ¿porqué no?. Veamos, y vi. Y ciertamente, los berros con mayonesa y pan son exquisitos (más aún con pan blanco para mi gusto), pero a la hora de hacer la foto, ya no me quedaba, así que aproveché y desvelé dos dudas de una vez:

– efectivamente los granos de mostaza le van a los berros crudos.

– con pan integral tampoco está mal esta combinación.

– y otra cosa nueva que desconocía: que un bocadito de estos picantones, va estupendamente para un aperitivo mientras preparas el resto de la comida.

Es lunes, intuyo que esta semana me tocará hacer muchos molinillos de colores, capear vientos, afinar conocimientos de ingeniería, vivir. A todos les deseo que los vientos les sean favorables, y si no: a hacer pajaritas de papel y , desde luego, a picarse un poco a la hora del aperitivo.

 

Érase una vez…(Chappati con verduras crujientes y queso)

Los cuentos de mi infancia siempre empezaban así …
Y fue una vez una flor
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Y fue una vez una música:
Y fue una vez una  un chappati que inventé un domingo para ti.
No estás y a veces dices no haber estado nunca, pero mi yo gusano sigue teniendo tu yo flor, la cuida, la mima, y sigue inventando para ella cualquier cosa que, en su limitado pensar, la pueda hacer sentir mejor.
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Así que, como te había había hablado de  lo ricos que quedan los chappatis liados y rellenos de verduras crudas (idea verde de mi luz verde), me propuse hacer una especial a gusto de los dos.
Así surgió este chappati doblado. Las fotos no le hacen justicia, pero hasta unos días más adelante que pueda conseguirlos otra vez, no habrá manera de repetir. El chappati (pan para la comunidad indú) lo pinto con un pincel mojado en tomate concentrado, de ese que viene en tubitos como la comida de los astronautas, encima una base de queso grasoso, amarillo o al gusto pero que tienda a fundir, otra pincelada esta vez de mostaza suave; verduras picadas en bastoncitos, zanahoria, cebolleta, pimientos rojo y verde , pera y queso de cabra semicurado  y desmoronado con los dedos por encima. Cubrir con otro, doblar, liar…. como quiera que sea posible según las dimensiones  y el cuidado al organizar.

Después humedecer con las manos por fuera y hacer sobre la plancha, o en una tostadora, sartén o al horno hasta que se derrita un poco el queso y caliente la verdura. La textura es realmente alucinante y esta combinación de sabores: para embrujar, si este fuera un sortilegio en un sueño de hadas.

Y colorín, colorado, este cuento no se ha terminado.
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