Fresas Aliñadas

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Pensaba yo comenzar una entrada hablando de lo poca aventurera que está resultando la historia de este verano. Quejarme, quizá, que salvo el amor desbocado y desmedido de A., y alguna boda familiar, no se respira en el ambiente, pasión alguna.

Tan poco asirocado el aire, tan poco tórrido el verano, tan tibio-fresco, tan aséptico, tan con raras noticias …

Sin embargo… volví a escuchar esta canción (…), y A. me volvió a morder el dedo meñique y volví a revisar las poquísimas fotos de estos días y… ¡¡cómo puedo decir que la vida en sí no es apasionada y apasionante!! ¿Cómo?

 

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La  historia que se escribe este verano, definitivamente, no es de aventuras: No hay noches en vela al ritmo de corazones ilusionados y despiertos. Pero siguen batiendo las alas mariposas en la selva seca. El jazmín se desborda de flores azules. La enredadera blanca llega una cuarta más cerca del cielo. Los banderines ondean. Y hay fiestas casi cada día con comidas de familia numerosa, fáciles, a la plancha, verdes y afrutadas, dulces, simples, tibias o más frías, alegres, revueltas a veces, y casuales. Que la alegría se hace, o se intenta, ¡¡ y,  se cocina!!

Como estas FRESAS ALIÑADAS, con su aceitito del bueno, su pizca de ajo majado, sal, pimienta, orégano y vinagre de manzana. Y después de unas horas en que el jugo de las fresas se mezcla con el adobo: acompañan unos tomates, queso y aceitunas… o unas hojas de lechuga… embutido si es la cena, o una tortilla si es el almuerzo. Con risas, gritos,  ladridos, chapoteos, conversas filiales, uñas de los pies rojo brillante,  ranas, recuerdos y  la música de la verbena vecina, quién se atreve a pensar que este verano no es, también, ESPECIAL???

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-Her: Home is wherever I’m with you

Cada verano tiene una historia

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No es el cambio pre-establecido que se espera con las campanadas de cada 31 de diciembre, ni el renacer interior que viene sucediendo allá por septiembre.

No. En Junio, con su San Luis, su San Juan, su Corphus, El Sagrado, San Pedro y San Pablo,  dormita una Esperanza diferente.

Ya con solo mencionarlo, se llenan el cuerpo, los ojos, las manos y la boca de anhelos. Es una  imprecisa revolución, innominable e  inespecífica. Se mira la luna, se compran flores y frutas. Se madruga para regar los patios, y esperar que la vida despierte. Hogueras queman viejas penas al tiempo que se conjuran deseos nuevos (o eternos) …Brotan las pequeñas rosas de los rosales salvajes.

"¡Alegría, hermosa chispa de los dioses 
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave. (...)" 
Friedrich von Shciller

Y así, una y otra vez, el ánimo parece sanar con el frescor de las frutas. Se desperezan los sentidos. Nos vestimos de alas. “Despabilamos” , como si el tiempo nos diera una patadita en el trasero.

"Bajo del cielo fiel Junio corría
arrastrando en sus aguas dulces fechas…
Llegas de nuevo, río transparente,
todo cielo y verdor, nubes pasmadas,
lluvias o cabelleras desatadas,
plenitud, ola inmóvil y fluente.
Tu luz moja una fecha adolescente:
rozan las manos formas vislumbradas,
los labios besan sombras ya besadas,
los ojos ven, el corazón presiente.
¡Hora de eternidad, toda presencia,
el tiempo en ti se colma y desemboca
y todo cobra ser, hasta la ausencia!
El corazón presiente y se incorpora,
mentida plenitud que nadie toca:
hoy es ayer y es siempre y es deshora"
Octavio Paz

Uno se da cuenta que es una pérdida, guardarse. Un pecado, negarse. Un terrible error, no abrirse. Una cobardía, enfermar de tristeza. Un tipo de muerte, no expresarse. Algunos de esos ratos, es tan simple como compartir lo que nos fortalece,  nos llena, nos desborda de alegría. Tan sencillo y plácido es a veces el camino. Tan fácil como algún tiempo atrás pensamos que era y dejó de ser… Y es que, a lo mejor, no estoy segura, alguien se desvió dejándonos tan perplejos que pensamos que éramos nosotros los que habíamos confundido la vereda.

Así me siento yo desde el Blanco Agosto del 2010, que duró hasta bien pasado el  2011: … como un trompo caído en mitad de un camino.

Retomo y vuelvo a tomar el paso. Una y tantas veces como me despierto a las mañanas de junio, julio, agosto, septiembre. Pero tengo que reconocer que la historia de aquel verano fue tan intensa, tan especial, tan arrebatadora, que aún me despierto con las briznas de su sol, salado, prendido en las pestañas.  Bajo un pinar altísimo y espaciado, los cirueleros alrededor de la casa, extienden sus ramas (como raíces) en horizontal, madurando lentamente la fruta, de color amarillo flor de tunera. Paseo entre las pencas, buscando hormigas entre los estambres de interiores cálidos y dorados. Cierro  los ojos un momento y soy felizmente consciente del aroma a pinillo seco y tierra que desprende mi piel. Cuando vuelvo a abrir los párpados, el sol se ha movido una cuarta, ahora hay sombra donde antes era luz y claridad donde fue la oscuridad.

Sí. Todo es casi como entonces, y sin embargo esta debe ser una historia diferente, porque cada verano tiene la suya.

Por eso, en esta segunda fiesta del verano, no habrá escacho, ni mojo-queso, ni pasta con su pesto, ni “patún”, ni ensalada con pepinillos… ni nada que me recuerde otras historias. Necesito centrarme en escribir la que corresponde a mi noveno cumpleaños:  palabra a palabra… aunque sea con renglones torcidos, aunque en el fondo nada haya cambiado (porque ciertas cosas no cambian hasta que les toque hacerlo), salvo mis ganas de seguir adelante.

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Será una ensalada nueva para los invitados. Está tomada de uno de los libros de cocina que más me han gustado en los últimos tiempos. “Cocina Vegetariana”  de Love Food. Cada año, por Reyes, cae alguno, ya que los Magos saben de mi gusto por ojear libros y revistas. No copio, ciertamente. No tengo calma para eso. Pero sí me gusta mirar las fotos, observar la mezcla de ingredientes según sea la cocina propuesta, … curiosear más que nada. Sin embargo, de este libro sí he cogido varias ideas. Es como si todo él, de principio a fin, estuviera hecho para mí: Asados, guisos, cremas, salteados, fritatas, ensaladas, frutas al horno, currys…

En concreto: este plato, sigo escribiendo, lo probé hace ya meses. Y es hoy cuando rescato esta foto del ipernity y decido que será el regalo para el cumpleaños de mi hermana, y su fiesta. Un buen acontecimiento, incluso mejor que otros, para abrir un nuevo  capítulo  I.

INGREDIENTES:

Aguacates (los últimos que me regaló el vecino. “El próximo año, no tendremos”, me dijo)

Ensalada de hojas verdes y rojas. Rúcula.

Tomates sabrosos.

Cebolla tierna roja, o cebolleta.

Nueces tostadas .

Aliño: Jugo de Lima, Mostaza Djon, Perejil o Cilantro, Oliva, Pizca de Azúcar o miel, Sal y Pimienta

 

 

 

Algunos domingos vuelve a habitarme

Algunos domingos vuelve a habitarme. Díscola, esquiva, caprichosa, exigente… la inspiración me asalta desde lo más profundo… entre las nubes que regresaron a los cielos desde el 1 de septiembre.

Organizar una cena, sí… esa es la idea: una penúltima cena de verano, de un muy especial verano.

Me pilla despeinada como siempre, y con la despensa vacía como tantas.

Pero, sale ésto y quiero colgarlo sin más esperas, porque, ya me recordará alguien, cada foto, cada sentimiento, cada idea tiene su momento y su lugar.

Quiero que pronto vuelva SuperGofio y vea que las “rarezas” se suceden en la Palma, que JotaMari arrugue el beso como casi siempre que le hablo, que Sandra sonría al ver el cuarto verde con movimiento, y que todos ustedes a los que nunca vi, ¡todos! puedan disfrutar de una penúltima cena de este verano del 2010… lleno de runrunes, de magia, de fiesta, de ternura eterna y agradecida.

Y para la ensalada:

 

 

 

 

 

 

♥♥

Anatomía de un sábado perfecto.

La primavera definitivamente llegó revolucionando vida.

Creo recordar que me habían augurado que en este año  habría cambios para mí  por no sé qué historia de números múltiplos de… Lo siento, no consigo a estas horas hacer un ejercicio profundo de memoria. La cosa es que no debía ir descaminado el augur (aparte que tuviera la llave de alguno de los secretos)…  la vida, desde que cumplí los 42 (¡¡y siempre!!), no deja de renacer una y otra vez, girando, haciendo esquinas, reabriendo senderos, inventando pasos.

Siguen ocurriendo sueños, casualidades, mensajes que me llegan de la forma más inesperada. No sé… cuando uno está adormecido, con el alma un tanto cansada de idas y venidas, necesita pequeños estremecimientos  que le ayuden a espabilar. Yo me he ayudado de música, de letras, de renglones leídos al azar, de amistades nuevas. La energía fluye en plena libertad y eso, igual que doy y vuelco, me llega y llena a mí también.

No quisiera nunca olvidar que los días marchan del blanco al negro más radical. Ser consciente a cada instante que el universo se araña con mis actos, con los de cada cual pero que, a la vez,  soy nadie. Ayer fue día lleno de pequeños  actos mágicos. Había empezado, realmente, desde la madrugada del viernes. Una charla aún inconclusa, medio explicar que soy una sobreviviente que hace locuras, que el amor empieza en las pequeñeces y que la compasión es más difícil cuando tenemos a la persona junto a nosotros , más fácil con quienes acabamos de conocer o no conocemos realmente, pero que el verdadero amor está aquí, no está allí, soñado, ausente, futuro… el verdadero amor se demostraría evitando hacer con nuestras patotas de elefante, muescas a quienes sólo han pecado acompañándonos y queriéndonos día a día.

En fin, no quiero ahondar en corazones imposibles cuando, precisamente, estoy rodeada de otros cercanos, que conocen los pactos de convivencia y las elementales normas del cariño.

Sólo quiero contarles que ayer tuve un día perfecto. Amanecido muy temprano…  escribí ésto al atardecer para alguien, un pequeño resumen de la mañana, y de la que quiero entresacar uno de esos que yo llamo: momentos mágicos (señal, mensaje).

Paseo en guagua muy temprano (el traqueteo, la despreocupación, el paisaje y el paisanaje)
Paseo por la playa, el primer contacto de mis pies desnudos con la arena, el primer baño.
Paseo por la ciudad, el olor del primer café de la semana (me estoy cuidando), de la lechuga fresca entre el pan, al primer bocado.
Paseo por la feria, dos libros, un regalo… un camino a la felicidad.
Paseo hasta la plaza envuelta en ella misma, la gente, la música, el baile, el color, ellos, tú, yo, nosotras.
Paseo por la C. Real, una niña de nueve años empuja una silla de ruedas de otra niña con las piernas escayoladas, sonríen abiertamente las dos.
Una mirada, una sonrisa, un escote que se abre al sol, un baile que se mete en el alma y mi pensamiento que vuela para tí, llevándote el sol entero.

Y entresaco:

Paseo por la C. Real, una niña de nueve años empuja la silla de ruedas de otra niña con las piernas escayoladas, sonríen abiertamente las dos.

¿Pueden realmente hacerse idea de la imagen?

Dos crías, de la misma edad, las dos sonrientes ante la calle llena de gente  y su “loca carrera” de obstáculos. ¿La diferencia? Una llevaba a la otra. Una andaba, la otra desmadejada en una silla especial, con sus piernitas atrapadas en cemento y cola.  Ahora que lo recuerdo, me estremezco, entonces fue un flash. Me paré en mitad de la calle y me giré a mirarlas … ¡qué demonios he hecho alguna vez quejándome! …. ¿Aún no te has dado cuenta? No, creo que no… y sólo por ello me permito hoy un minuto de pena… sólo por ello.

Y ahora, inmediatamente después de esos 60 segundos que te he regalado, otra vez la confianza, la risa, la esperanza, la seguridad de que el amor y la vida es otra cosa que éso. Amor y vida eran las risas de esas niñas, amor y vida, son los mensajes de mi amiga S. (dios, niña, tú no sabes cuánto me haces sentir y cuánto aprendo día a día… bendita casualidad y bendito Ipernity de las narices – por otro lado-), amor y vida es mi madre, y el fotógrafo que me acompañó la mañana de ayer… amor y vida son estos dos corazones, y otros tantísimos que no se dejan atormentar, que no se dejan atar, que se dan y reciben con elegancia, con seguridad, con alegría…

Bailé salsa, compré lectura que  hoy comenzaré antes del segundo baño del año, el segundo después de esta nueva etapa renaciente que me toca gozar. Vi, toqué, me llené, me di…  Y así es la anatomía perfecta de lo que es perfecto. Gracias a todos. 

¡Ahhh! ¡Sí! ¡Perdón! ¡glub! Qué ésto va de comida…

Pues después de andar por ahí,  ¿te parece que repitamos bocata? Oh… es que así, no tengo nada más que explicar 😉 La crema de berenjenas está en la nevera… una ensaladita rápida de perejil (tomate, hortelana, cebolla, perejil, aceite y muuucho limón)… pepino finito, queso tipo crema y a comer. ¡Ah!, que no hay pan… pues habrá harina… improvisamos unas arepas…

En cuanto a la música… No sé… Últimamente tengo el replay mental puesto…  ¡¡¡¡Feliz día, feliz semana!!!

Hoy…

A veces no hace falta que sea sábado para calzarme las botas de los pasos marcados.

A veces no hace falta tener tiempo libre…

A veces, desde aquí, desde la ventana que mira a mi mundo, me siento tan bien….

Y hoy no quiero esperar a otro momento para contarlo… quiero que sea ahora….

Me pongo “Con mis manos” de Bebe, y sigo con  “Somos luz” de Macaco  la Mary… etc etc. Al final, ando de paso liviano por estos metros cuadrados, y la mente… la mente ya no sé ni dónde se marchó.

Así, sin pensarlo mucho, decidí que ésto merece celebrarlo. Celebrar que soy una “Ella” , que TODAS lo somos aunque no hayamos vivido los momentos tan trágicos a los que se supone se refiere… que todas nos debemos sentir guapas, soñar lo que queremos, darnos cuenta de nuestra alma y descubrir que “El mundo es sólo para tí” y para tí, y para tí, y para mí…

Ayyyys, si pillara ahora a mi jefe!!!!

Pues nada… qué hoy me ha tocado conquistar el cielo… y allá que me voy!!!

Un abrazo para todas ellas, para todas vosotras (perdón, pero hoy los niños quedan fuera). Un autoabrazo que me merezco.. Vamos si merezco!!!

Y como seguimos o retomamos la primavera, la receta es una ensalada aliñada con chatni de cilantro (por supuesto de mi querido Alex, el Gurú Masala), dentro de una pita (no hace falta decir que es un pan que me encanta, no??) y con las flores que estallaron en la selva hace ya semanas: capuchinas.

El Chatni que yo hice, muy libre: 1 yogurt natural, 1 chorrín de oliva, pizca de sal y azúcar, chorrito de limón, jengibre, comino, ajo seco, pimienta , arito de pimienta verde, cilantro (como medio manojo) y unas hojitas de menta. En batidora tiende a aclararse mucho el yogur, prefiero mezclar a mano… y mi truco totalmente personal es la teoría esa del “menos es más”.. .Al menos hasta cogerle el puntito, ir añadiendo poco a poco especias y según preferencias. Por ese exceso, no uso el garam masala… ¡no puedo!.  Por otra parte, esta crema crea auténtica adicción… te entra con tantas cosas… pero con lechuga,  zanahoria rallada, pimiento verde y rojo picado largos pero fino y tomate (vamos…una casi mixta de toda la vida), más unas semillas de sésamo, pipas y la flor…. está de vicio!!!

 

 La Receta de Álex, “Cuadernos de Cocina Oriental”, mi cuadernos de cabecera.

Y una fotito de esta receta hecha con la minipimer… Queda más “aguachirrenta”. Ahí sirvió para acompañar unas lentejas rojas, arroz y pappadams… yo, sin embargo, lo prefiero con chapatis, ummmmmmm.

 

¡¡Abrazos!!

Crema de berenjenas ahumadas

Defendiendo la alegría, la belleza, la luz en mi vida.

Defendiendo las cosas buenas, los faros encendidos, la calidez del sol.

Defendiendo lo que me gusta, lo que quiero…

Defender:

1. tr. Amparar, librar, proteger. U. t. c. prnl.

2. tr. Mantener, conservar, sostener algo contra el dictamen ajeno.

3. tr. Vedar, prohibir.

4. tr. Impedir, estorbar.

5. tr. Abogar, alegar en favor de alguien.

Entonces abogo por mi derecho a la alegría, a su conservación.

Vedo y prohibo que nadie reabra mis heridas, ni me haga otras nuevas.

Mantengo y sostengo mi derecho inalienable a sonreír y hasta reír a carcajadas.

Libro y protejo (de todo mal) mi pequeño reducto.

Algunas veces ha salido el tema por aquí de las señales… sueños o cosas que he visto que, repentinamente, me sacan de la rutina y me hacen poner los pies en la tierra, por mucho que deseara volar.

La semana pasada fue un taconeo fuerte de mis botas.

Esta semana ha podido ser un sueño…jamás los recuerdo, pero cuando ocurre, ¡jolín! Era un sueño bello, otra vez con colores y muchísima luz, brillo, una voz, la certeza de que me hablaba un ángel. Esas cosas sólo ocurren en los sueños, lo sé. Y sueños son. Pero… si pudiera contar lo que me dijo sin que me tacharan de loca…

Luego, ayer, vi dos arcoiris encadenados… ¡fue increíble! Por un instante, dos hermosos semicírculos casi perfectos formaron un acueducto. Yo no sé si eso puede pasar, ni como pasó… pero la bruma caía sobre las montañas del Paso, el gris hacía lucha con los rayos del sol “atardeciente” y ahí se formó… a la entrada justo del túnel… son puuuuuuras casualidades pero ocurrieron delante de mis ojos.

Igual que escuché durante días, a la misma hora, y donde quiera que estuviera, croar las ranas. ¡¡Si apenas quedan ranas ya… si apenas hay estanques siquiera, si era pleno invierno aún!!… O trinar de pájaros con las ventanas del coche a cal y canto, la radio puesta y el runrún de los coches a la carrera por llegar a trabajar zumbando alredor. O vi una orquidea que me saludaba asomada a un ventanuco…

No sé si eso significa que uno se despierta de repente. Que los oídos se destaponan y los sentidos, ese instante, están especialmente despiertos… Lo que sí sé es que ocurre, me ocurre.

Luego, un comentario de alguien que dice que espera de mí… lo que sea. Y amanece sábado otra vez… y la vida vuelve a subirme empujando fuerte desde los pies. Me obliga a ponerme en marcha esta mañana con mucho gusto, a ponerme bella, a mirarme bien, a acariciarme despacio y, por supuesto, a venir aquí, a compartir. Porque sólo se puede hacer con quien lo desea… ¿contigo, a lo mejor?  

Y como prometo volver dejo preparados los huecos para:

 

CREMA DE BERENJENAS AHUMADAS (casi libanesas)

Asar directamente una berenjena grande, o dos más pequeñas, sobre el hornillo del fogón (mala suerte los que tenéis vitro, porque la diferencia con otras cremas de berenjenas es precisamente ese sabor ahumado tan particular). Ir dando vueltas bastante frecuentemente hasta que esté la piel chamuscadilla. Dejar enfriar tapada y pelar.

Por supuesto todo se hará un cristo, pero… nada que no se pueda limpiar.

Seguidamente moler con ajo, limón, sal, pimienta y aceite. Volcar en un recipiente de cristal y mezclar con una cucharada de tahín. Cubrir con aceite para conservar y/o para servir. Al guardarse, tiende a espesar, así que habrá que ir cogiendo el truqui. O batir bien con un tenedor a la hora de servir.

 

CROQUETAS DE GARBANZOS (falafels o como se llamen) para Elo, que ya los demás me las habéis leído más de una vez.

Remojar un buen puñado de garbanzos durante 24 horas .

Moler con 1/2 cebolla + sal + ajo seco + comino molido + pimienta + sésamo  y bien de cilantro fresco  (opt. pizca de jengibre y/o perejil… no siempre los pongo).

 Si hay tiempo, se guarda en la nevera para que concentre el sabor (en este caso, en último momento se puede poner más cilantro fresco), y si está húmedo, lo suelo amasar con un espolvoreo de harina pan. Se forman unas croquetas-albóndigas medio aplastaditas y se fríen.

Para acompañar, una ensalada con lechuga, cilantro fresco, aceitunas, cebolla, pepino, tomates (lo que guste), y salsa de yogur con comino.

 

Nota: Perdón por la semillita de comino que se me coló en la crema de berenjenas, y aclarar que la pita está untada en berenjenas y rellena por lo demás… una delicida.

 

 

Con mucho sol, como ustedes se merecen.

Noooo, que es lunes, me entretendré y luego llegaré tarde al trabajo.

Noooo, que es martes, y no estoy inspirada.

Nooo, ¡jo!, que es miércoles y la cabeza está embotada.

Jueves y yo con estos pelos!!!

Por fin viernes!!! Noooo, lo dejaré para mañana, como tantísimas veces antaño, antes de salir a caminar… a desayunar en el Bar la Palma, al mercado, a bailar con algo nuevo sobre mi piel… Mañana, mañana será.

Ohhh, domingo ya, qué pereza, cómo cuesta ponerse y redactar “jiji, jaja…” “sí” “no” “gracias” “que seas feliz” … no me da la cabeza para más, los brazos caídos y la mente en huelga.

Y otra vez lunes… Y con ciertos acontecimientos entre medias, alguna poca novedad, pasan las semanas y los meses de silencio en este sitio.

Elo y/o la redactora jefe me decían que entre dos es más fácil… Y tienen toda la razón. Entre dos o teniendo el aliciente de cocinar para… como he venido haciendo todo el tiempo de este blog.

Pero así, sin más… cuesta mucho ponerse, hay pocas ocasiones para cocinar y menos aún para hablar así que… como no me quiero seguir dejando, hoy he cogido el toro por los cuernos,  y venido a dejar un saludo general. Me ha sorprendido ver que las visitas contabilizan  más de 18.000 aquí y más de 48.000 allí, pienso en las pocas que hice yo y me siento avergonzada de corresponder tan poco y seguir teniéndolos ahí.

La última vez prometí una receta (Alicia, no me olvido) y llegará… pero, vale una sencillita, conocida por todos y visual???  😉

Tras el temporal, una se levanta bien de mañana y se pone a hacer gansadas…

 

Busca aquí:

Lee por allá: 

“La felicidad es una mariposa que sale volando cuando la persigues, pero que puede posarse a tu lado, si te sientas tranquilamente a mirar”. Nathaniel Hawthorne

Abre ventanas,  sacude, ordena, friega… y cuando llega la hora de la rebeldía total: tiro los trapos a un lado, me quito el mandil y en mi cocina vieja pero remozada, recién pintada y limpita, preparo algo rápido que comer al sol. Sin zapatos, sin mantel, en mi plato de lata y tirada en la escalera casi nueva del buda gruñón de siempre, sólo me queda levantar la cara al sol y sonreír… si gustan… todo lo que está, se ve. Si acaso las gotitas de miel… pero quiá… eso ya lo comprobarán al catar… irresistible, deliciosa, estimulante mezcla de vinagre, pimienta y miel.  Y así, entre piñón, fresa y hoja de canónigo, observo una mariposa que se posa en mi pie… ¿La ves?

 

 

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Ensalada Tropical y “Hamburguesas” vegetales

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Cabezona de ideas recurrentes y alegrías compartidas, aquí estoy hoy, celebrando porque fue un gran día. Pintadme otra vez hoy con una sonrisa.

Desde esta mañana tengo pendiente completar esta entrada, pero no sabía cómo hacerlo. He pasado el día leyendo, trasteando en la cocina, con pocas ganas de hablar. Creo que mi cuerpo anda un poco perdido. Necesita de ese pequeño cambio de estación que juega al escondite, necesita descanso para luego volver a resurgir… descanso que no termina de llegar, ensimismamiento que con tanta luz se hace difícil.

Y con este tiempo variable y soleado, voy del puré a la ensalada, del mango a la castaña sin terminar de decidir. Hoy volvió a tocar ensalada… ésta que se ha hecho una de mis favoritas y plenamente de estación, esta vez falsa estación. Otoñal por el mango, otoñal por los aguacates de mi casa, por las piñas que me llaman más que nunca en las estanterías del mercado, otoñal porque sigue siendo una prueba para un proyecto que no cuajó, pero que nunca muere sin embargo. Porque el olvido no se impone ni se propone, sólo llega cuando ha de llegar.

ENSALADA DE FRUTAS TROPICALES.  Base de Lechuga para Aguacate, Mango maduro, Piña natural y Plátano. Al final,  le puse unas pipas porque quería añadirle sésamo y los bichillos se habían hecho con él. No lo volveré a repetir. Para aliñar: puntita de mostaza dulce, otra puntita de miel, vinagre y aceite, sal y pimienta (si gustan) bien batido todo.

Y para acompañar: una especie de hamburguesa vegetal. Había comprado hace unas semanas unas congeladas. No estaban mal, pero demasiado pastosas para mi paladar, con un gusto indescriptible a comida preparada. Así que no podía pasar sin hacerme unas a mi antojo:

MIS HAMBURGUESAS VEGETALES: Soja deshidratada en copo menudo, remojada desde la noche anterior y bien escurrida, zanahoria rallada, cebolla, perejil y pimiento verde picado fino. Para aglutinar un huevo.  y para saborizar un poquitín de comino molido y pimienta de colores.  Mi intención era ponerle un poco harina de arepa, ummmmm, soñaba con ese saborcito a millo, pero no tenía. Las hice en una plancha frotada con oliva. Formarlas fue levemente complicado, tuve que dejarlas hacer bien de un lado y darle vuelta con dos espátulas, y ayudarlas a formar presionando un poco. Sin embargo, mereció la pena. Una textura … ¿cómo podría describirla?, viva, alegre, entretenida (no me gustan los masacotes pastosos), ¡divertida!. La verdura queda perfectamente hecha pero no babosa (No sé porqué he leído tantísimas recetas en las que las ponen previamente fritas). Y la combinación fresca, armónica y sensual. (Ya sé que lo digo mucho, pero , ¿¡qué se le va a hacer si me quedan los platos así y hasta inconscientemente los busco!? Me gusta esa sensáción de estar plenamente viva mientras mastico, ensalibo, paladeo y trago.

¡¡No quiero que nada me pase desapercibido!!

Y con ésto que he recordado hoy, les deseo, me deseo, te deseo,¡¡ feliz semana!!

Yo no soy yo,
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla sereno,
cuando hablo,
el que perdona, dulce,
cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie
cuando yo muera.

-Juan Ramón Jimenez-

 

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Deseando/recordando lluvias

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¡Toc, toc!

Entre la bruma de alguna pesadilla… ¡toc, toc, toc!

¡Adormidera, toctoc!

Me arranco del sueño y no sé bien donde estoy. Probablemente con un pie allá y otro acá.

– ¿Qué suena? ¿Qué me ha despertado?

Y otra vez: ¡toc, toc, toc!

Jolín, es el viento contra los cristales!!! No era capaz de reconocer el saludo. Pero… – ¿dónde estoy?, – ¿qué día es hoy?! Me adormezco otra vez. “Amanecerá hoy gris”, pensé. Aún sin darme cuenta del momento del año que vivo, del cierto bochorno de la habitación, de mi desprecio del edredón… Y entonces se hizo la luz. Es viento, sí, pero aún es verano.

Entonces recordé el fresco y la lluvia del agosto del 2008 y… aquellas aguas, trajeron estos lodos:

Estos días llovió.
No recordaba ver la lluvia en agosto y últimamente ni en invierno.
Llegó en medio de la noche, confundiéndose con el viento sobre la copa de los árboles y con gemidos lejanos de caricias, llegó disfrazada antes de que cantara el gallo y sin la seguridad de una luz que reflejara en los charcos que había dejado.
Vino levantando al aire aromas de tierra viva, espoleando risas en medio de una cierta preocupación.
Estos días llovió.
Se abrieron los cielos varias mañanas para algo más que para rociarnos, se abrieron para aguar fiestas mágicas de noche y postergar fuegos de artificio fuera de habitaciones semicerradas. Se abrieron para darme uno de los más hermosos amaneceres pisando charcos y despertar sensaciones aletargadas por la monotonía del ambiente seco y tantas otras cosas.

Abrí la nariz a la humedad y la vida, igual que ya tenía atentos el resto de los sentidos. Ahora miro por la ventana esperando que pronto vuelva a llover.
 

 

 

Quizá porque hoy me desperté escuchando el viento y deseando ver llover, subo este texto y una de mis ensaladas preferidas del verano pasado.

Un abrazo y felices sensaciones para cuando decida abrirse el cielo.

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http://vivenciasydeliciasculinarias.blogspot.com/2008_08_01_archive.html

Sin fotografías (Ensalada verde)

DSCF6495Se había lavado el pelo en una palangana, tal y como lo hizo tantos años en la casa de su padre, cuando el agua del lavado olía a manzanilla; parsimoniosamente, haciendo espuma con el jabón de yerbas que le limpiara no sólo la piel, sino impregnara de su olor .

Se enjuagó con cacillos de agua fría que la estremecieron al contacto de la cabeza y el cuello tibios. Las gotas formaron surcos en su cara, que intentó que no cayeran sobre la ropa pero, finalmente, se dejó hacer. Se dejó recorrer mientras el aire le arrancaba tiritonas levísimas.

Envolvió la melena en una toalla y sentada en el banco azul del patio, se peinó. Dejó  perder la mirada sobre la línea curva de las montañas, inspirando profundamente la brisa de hortelana, eucalipto y paz que jugaban alrededor.

De repente recordó… ¡no había terminado de comer! Había preparado una ensalada con lo que había encontrado por la nevera, recogido los platos y la cocina, sacudido la alfombra y fregado. Entonces pensó que prefería dejar el postre para después. Y de repente el regusto dulce soñado se apoderó en forma de capricho. Ummmmmm… ¡¡¡el bizcocho, la confitura de mango, el yogur!!!

Estaba sola. “Estás en tu casa”, le había dicho. Así que no le importó buscar en el mueble de la loza el cuenco de cristal que más le gustaba. Sabía que estaba allí para ella. Parsimoniosamente se lo preparó: poquito de confitura, tajadita de bizcocho y cuatro o cinco buenas cucharadas de yogur. Todo de nuevo a su sitio, y ahora al patio otra vez. Acurrucada sobre la tumbona de fibra, se dejó mecer al sol. “¿Qué haces?” “Ser feliz” “Con que poco se conforma ud, cuídeme la casa que yo subo después”

Siguió sonriendo mucho después que la última cucharilla diera contra el cristal del bol, después que el pelo se hubiera secado en ondas perfectamente definidas. “Joder, ¿porqué en casa nunca queda así de bien?”

Siguió sonriendo aun cuando el sueño se le había metido en el cuerpo con la brisa y, desmadejada, le costaba resistirse a aquel suave vaivén.

Mientras subía las escaleras hasta el dormitorio y se encontraba con la tibieza y semipenumbra de la estancia. Mientras se tumbaba en el otro lado de la cama y ojeaba una tonga de libros que se había propuesto para cuando él no estuviera.  Incluso sonrió durante el sueño algo denso por el calor, y cuando el movimiento y el peso sobre la cama la sorprendieron. Como le gustaban aquellas siestas de verano, la modorra de todo menos de los sentidos, enervantemente despiertos si no fuera porque todo era puro placer.

Volvió a cerrar los ojos dejándose abrazar. Soñó con tunos frescos, con rizos al aire, con ternura, con el sonido lejano de una escoba de paja contra las piedras del patio, brazos, picos… una escoba de paja contra las piedras del patio. Sonrió. Sonrío.

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Pues se siente, pero no tengo foto de ese postre del sueño, aunque hay confitura de mangos, algún bizcocho y el reiterativo yogurt en mi blog de antes: http://vivenciasydeliciasculinarias.blogspot.com/search/label/DULCE

Prometo en breve hacerlo para subir. Sí, me apetece, eso haré. Así que por ahora nos conformaremos con una ensalada, que pudo ser ésta, aunque no fue la de aquel día (sueño). Aquella  era una ensalada griega que había cogido de un libro de la tonga que nunca terminé de leer. Y ésta de hoy es una ensalada verde (lechuga, rúcula, perejil), fuerte (pepinillos buenos, aceitunas verdes), fresca (pepino), con un leve puntito de dulzor en los granitos de millo. Como cierta gente que conozco, que guardan una sorpresiva dulzura para días que tú ni te lo esperas, y eso, aún, se agradece más.