Mis candelas

Hoy me suena la vena… profunda, intensa, isleña… abierta al mar y cerrada en sí misma.

Para tod@s mis niñ@s candelas que fueron y serán.

 

Quesadilla a la luz de una candela:

1kg de queso herreño (en mi caso, queso palmero de cabra, sin ahumar)

400grs. (o algo menos) de azúcar

3 huevos

200 grs. de harina (yo, para no variar, algo menos)

anís, limón rallado y una cucharita de royal.

Amasar el queso “des morronado” (yo lo hice en un robot rallador-picador, como estaba medio tierno, quedó amalgamado) con el resto de ingredientes. Ser generosos con las semillas de matalauga, incluso con un chorrito si se tiene a bien. Cubrir un molde bajo con papel de horno, y llevar hasta dorar, comprobando que dentro esté correcto.

Sin mucha seguridad, y basándome en otras tartas de queso, ya que la receta es familiar y poco detallada:  Hornear alrededor de 1 hora a 200 grados, que luego bajaremos a 175 para no arrebatar el exterior.

No es una explicación muy científica, pero merece la pena intentarlo… lo que sea, será deliciossssso

Como se ve, a las fotos les falta un rayito de sol… Pónselo tú con tu imaginación…

Quesadilla (Postre típido de la isla de El Hierro)
Borrador de fotografías, a retirar cuando repita la receta  para hacerle justicia.

De caminos y puertas abiertas a la Navidad

Hace una preciosa mañana de domingo. Miro por la terraza y soy tremendamente feliz.

Lo que pueda apretar, ahí sigue. Lo que no gusta, seguirá y seguirá. Lo que he de mejorar, lo que no debo olvidar, lo que me preocupa, lo que tengo que limar… tantas y tantas cosas que hoy no tienen ninguna importancia. Esta mañana sólo un camino, una puerta abierta, la cocina manga por hombro y esta calidez… para tí, Rebeca, Ana, Toñi, María, Calohe, Juan, Elo, Oscar, Ka, Tanci, Alicia, Ana, Humita, Paula, Antínez, Mai, Kako, MªLuisa, MªJose, Marta, Alina, Nina, Carmen y también para tí:  un abrazo que respira ya Navidad… y un rosco de los de siempre, de los de cocinar con el vecindario y la familia, de los que sueño y soñaré hacer contigo.

Para beber: leche con chocolate y café justo de dulzor, té o mistela de naranja, a elegir.

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Fuera llueve (Pastel de zanahoria y almendras)

Fuera llueve. Dentro me siento mullida.

Mullida, callada, sin conflictos. Intento escribir algo pero no tengo nada importante que decir.

Cocino como hace muchísimo que no, como, fotografío.

Pero por dentro sigo en un estado de casi paz. Intento buscarme el espíritu follonero pero… no responde más allá de cinco minutos (esos pueden ser mortales) y luego se diluye, se va, se escapa entre las nubes de la mañana.

Miro, me dejo fundir con lo que veo en cada paseo, me percato de todo, todo deja sus huellas en mí, pero no te lo puedo contar. Se desvanece con el suspiro del segundo siguiente.

Suenan los teléfonos, la vida sigue su rutina, y sin embargo no quiero ni puedo bajarme del cómodo asiento de la guagua L01 que me lleva y que me trae. Me deslizo en el tobogán mojado del parque junto a la parada, en forma de gotas en los zarcillos de la enredadera que me moja el pelo, me deslizo en el calor de mi abrigo y de mis calcetines… en el de tu abrazo sin tí.

Leo: Nuestra tarea consiste en encontrar un equili brio, encontrar el camino del medio, aprender a no volcarnos en preocupaciones y actividades accidentales, sino a simplificar nuestra vida cada vez más... y en el mismo texto: La ausencia de apego es señal de que uno se está volviendo más libre de uno mismo.

Quiero protestar, tiendo a hacerlo… pero luego, inmediatamente, la llama se apaga. Queda calma y silencio. Yo sé que ésto que siento no es desapego, ¿o sí?. No sé. Jamás lo entenderé. Dos minutos después es que ni me preocupa. No quiero ni tengo ánimo para discutir.

Los primeros coches pasan multiplicando la lluvia sobre el asfalto. Me gusta ese runrún apagado. Caen piedritas por el desagüe del tejado. Un chorro hace música sobre alguna tapa que quedó fuera de sitio. Las gotas  del cielo bailan la danza del agua en el patio… las veo un instante adornadas de plumas, como los indios comanches de las pelis de vaqueros, otro coche… hoy me mojaré… qué dulce esta calma, qué dulce.

PASTEL DE ZANAHORIA Y ALMENDRAS

Esta vez hice la mitad de ingredientes de esta receta que he repetido mucho los últimos otoños. Si es un cumple, con dulce de leche y adornada con virutas de zanahoria confitada (quedan unos caramelitos super curiosos) queda de muerte, de plena temporada, los niños se la comen sin rechistar y repiten, y los grandes se extrañan de que tenga… ¿¿zanahoria?? Leen poca literatura repostera extranjera 😉

La receta salió de leer decenas de ellas y entusiasmarme con algunas por el aspecto, con otras por las especias, de otras me interesaba la facilidad o la combinación de sabores. Al final, resumiendo, cogiendo de aquí y allá, probando, inventando alguna cosilla y reajustando, salió esta fórmula que para mi horno, mi poca maña y mi paladar es la mejor.

Pondré las cantidades completas, (con la mitad salen 12 magdalenas de molde en plancha de silicona, grandotas) y luego cuento las variaciones de esta ocasión, que hicieron que saliera una masa más apretada pero igual de rica en sabor.

Pico 375 gramos de zanahoria bien fresca, y  a poder ser del país, en un robot de cocina. Bato 4 huevos hasta hacer aumentar pero sin hacer a punto de nieve la clara (advierto que a mí me gustan los bizcochos masacotes). Le añado 225 gramos de azúcar blanca o morena – la negra oscurece el resultado dándole otro toque y no queda tan dulce, pero en ningún caso lo será en exceso, así que a los muy dulceros, mejor ponerle algo más. Volcar  en la misma hondilla 150 ml. de aceite  y la zanahoria picada, y batir.

Por otro lado colocar los ingredientes secos: 80 gr. de almendra pelada y molida, 50 gr. de coco rallado, pasas sin pipas hidratadas, pizca de sal, nuez moscada, pimienta, canela y (a veces, otras no) también jengibre, 150 gr de harina aireada con 1 sobre de levadura royal.

Volcar el líquido sobre lo seco y remover con espátula. Hornear a 160º  en horno previamente calentado, en molde cubierto de aceite y pan rallado (lo prefiero a la mantequilla y la harina, aunque hace la misma labor). A partir de la media hora, controlar su cocción. Dejar por supuesto enfriar, y mejor sabrá a medida que cumple días.

Bien… en esta ocasión había leído en el blog de una chica americana, que la zanahoria la añadía también a los elementos secos, antes de la harina. Con lo que envolvía la hortaliza con los polvitos milagrosos. El resto sería igual. Yo no conseguí que “despegara” – que tampoco lo hace mucho-, quizá al dividir la levadura no supe calcular,  o que le puse nada más que almendra-  y más de  la mitad-  pq no tenía coco como esperaba, o que estaba más granuloso… la cosa es que quedó muy húmedo y bastante apretado. La verdad es que no me importa, al contrario. Fue muy fácil de hacer y ese peso  para mí es un punto a favor, ¡¡pero que lo sepáis!!

Después de llenar con dulces mi caja de lata que saco sólo en invierno, cuando enciendo el horno, me pude permitir probar un postre que anotaré para la posteridad porque me ha encantado…. pero eso será para otro día. De dulces ya está bien por hoy.

Las fotos están muy saturadas. ¡Perdón! Aún no me convencí que a pleno sol no debo hacerlas. Pero… hacía un día tan bueno y yo estaba tan a gusto en la parte baja de la casa, preparando el desayuno como si tuviera un príncipe a quien agasajar, que me lo salté a la torera. Ni una sombrita busqué, y así quedó…

 

 

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Llegó, por fin!!! (tortas de calabaza)

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Llegó, por fin, está aquí EL OTOÑO!!!!

La tarde noche de ayer llovió, de mar a montaña se tendió el gris, grumoso y volumétrico hasta que descargó. En las luces de los faros lo vi. Más allá, nada!!

Y al volver  a casa, cómo se agradece un colacao con tortas de calabaza ;-).

Muchas sensaciones podría describir, notas sobre esta receta y sobre otras ofrecidas. Pero voy mal de tiempo, tengo que coger un avión. Así que, a la vuelta será…

Buen día. Y no olvidemos mojarnos si, con suerte, vuelve a llover.

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Tortas de calabaza

Calabaza guisada con pizca mínima de sal y rama de canela (en este caso cocinada al micro) chafada en un cuenco, a la que se le añade  leche (yo de coco), 1 huevo batido, pizca de jengibre y un poco de azúcar. Luego hacer una masa como para buñuelos, removiendo con harina y levadura.

Dejar reposar media horita y freír a cucharadas, apartándolas sobre papel absorvente.

Como se puede ver, yo las preferí chiquititas, así me engaño y pienso que no cometo pecado grave. 😉 Pero quiá… la verdad es que empapa bastante el aceite, y la opción de ponerle leche de coco  en lugar de leche normal creo que aún lo agravó más. Peroooo, el resultado es una tortita de un sabor muy “redondeado” , equilibrado y suave, y una textura jugosa y efímera.

Aquí en la isla -ahora sé que en tu casa también-  llamamos torta a estas masas fritas con huevo, leche y harina simplemente especiadas con limón y canela, o a las que se le suma calabaza o restos de arroz. En ocasiones las he servido, en lugar de con azúcar por arriba, con mojo de queso. Transformando un dulce en un picoteo, poco convencional según quién lo mire, ¡vale!, pero rico.

Poema Canción De Otoño de Paul Verlaine

Los sollozos más hondos
del violín del otoño
son igual
que una herida en el alma
de congojas extrañas
sin final.

Tembloroso recuerdo
esta huida del tiempo
que se fue.
Evocando el pasado
y los días lejanos
lloraré.

Este viento se lleva
el ayer de tiniebla
que pasó,
una mala borrasca
que levanta hojarasca
como yo.

Versión de Carlos Fujol

No llego a  ponerle música… si a alguien se le ocurre sugerir por esta vez, estaré encantada de recibir el regalo.

Sueños de un día de verano

 

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Esta mañana miraba fotos. Me di cuenta que de los lugares donde fui más feliz, no guardo imágenes. No tuve tiempo para coger la cámara, no quise ni perder un segundo de aquel estado embriagante.

En esos momentos desde luego ni me lo he planteado. Luego, más tarde, ahora quizá, eche de menos poder mirar. Tengo, para algunas cosas, buena memoria, pero acompaña un cierto desasosiego, una cierta  necesidad de echar la vista, de no inventar, de ser fiel a los momentos. Necesito a ratitos, probablemente hoy sea uno de esos instantes, no dejar posibilidad a la invención. Estar segura de lo que vi, calmarme en el oasis de la imagen sin inquietud posible por haber movido algo.

Hoy que me gustaría volver a un sitio en concreto, me doy cuenta que no guardo ni una única imagen de allí. Nada. Sólo retazos sueltos, esquinas, flashes de miradas, alguna risa, montañas… hoy que necesitaría regresar porque tengo la impresión que olvidé algo, no puedo girar la vista, y sé que calmaría esta necesidad.

En fin, a cambio encontré una vieja y mala foto. Un bizcocho que corrió por el foro de cocina que visitaba entonces (Marhya, Picaniña, Juanillo saben cual). Uno de los primeros que hice y que, como siempre, no volví a probar. La última vez fue por San Antonio del año pasado. Lo llevé a Garafía y desde entonces, ni una vez más. Tampoco te lo di a probar.  No lo tuve preparado para los “no desayunos”  en esta casa ni para picar entre horas, ni lo hicimos nunca juntos.

Pero hoy lo rescato, tengo hambre esta mañana y me apetece rememorar para que cuando el olvido llegue, tenga qué devorar.

BICA MANTECADA (Mari Molgas me lo dio a conocer)

Ingredientes: 4 huevos, 400 g. de azúcar (para mí 350), 400 gr. de harina, 200gr. de mantequilla, 1 bote pequeño de nata, 1 sobre de levadura  Royal.

Proceder: Batir como para tortilla los huevos con el azúcar + la mantequilla derretida.  Luego añadirle la nata. Por último la harina tamizada con la levadura Royal. Preparar para hornear en molde forrado con papel. Espolvorear con azúcar y canela (la costra luego será deliciosa). Según receta: hornear 1/2 hora a 160º en horno precalentado. En mi horno: precalentar , hornear con calor sólo abajo 15 minutos a 180º, luego arriba y abajo hasta terminar a 160º (aprox. una hora en total).

El resultado es espectacular. Tierno aunque se sea una manazas como yo, y con un sabor insuperable… ahora un poco de jugo de piñ, manzana o de  mango, un tazón de yogur de cabra y a disfrutar.

La felicidad si amanece (Torrijas de té pakistaní)

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 http://www.youtube.com/watch?v=Ee58iv63M2A

Del viaje a Granada y la visita por sus mercados, traje dos variedades de té. Uno de frutos y flores típico de allí y otro pakistaní: Té negro con clavo y cardamomo (pizca de vainilla también??). Instintivamente lo había tomado con leche, pero después de haber leído a Alicia de “A mi lo que me gusta es cocinar” busqué más información sobre esta variedad, y descubrí que a lo loco, pero lo había hecho bien. Es una de las variedades de té que se consumen así.

Así para un día como el que amaneció ayer, intenso, dramático:

Torrijas de té pakistaní.

El proceso .es similar a lo que haríamos con cualquier tipo de torrija, salvo que varía el líquido donde beben. Una mezcla de agua y leche (yo puse mitad y mitad) donde infusiona el té  (ya listo como lo compré yo o bien preparando la proporción de té negro con las especias) con un añadido de canela en rama y cáscara de limón. Se endulza al gusto, en esta ocasión: justamente, incluso corto, se remojan las rebanadas de pan viejo, se pasan suavemente por un poquito de azúcar, y luego del huevo batido a la sartén. El aceite tenderá a quemarse y hay que ir separando lo negro para no fastidiar las torrijas que salgan en la tanda siguiente, si las hubiera. Se apartan sobre un papel de cocina, se espolvorean de azúcar y a comer. A mí me gustan tibitas.

Supongo que al final habrá quedado justificado la roñosería al endulzar el té. Así conseguí que el dulce no “matara” el sabor del té en el interior, y la costra tuviera ese puntito alegre.

jajajajjaja, me leo y no estoy segura que se me entienda bien. Si no es así, ya saben donde reclamar. Buen día y desayuno para todos.

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Todas las fotos son mías, se entiende, y mientras no advierta lo contrario. La primera es un cachito del amanecer de ayer mismo tras la palmera y el almendro del vecino.