Para no olvidar.

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¡Y es que la memoria va adelgazando de qué manera!

Mi gran miedo: que la mente falle, que se me haga frágil y esquiva cuando pude comprobar que no estaba nada mal (la memoria digo), quizá se esté haciendo más que realidad, pesadilla.

Es por eso que el blog podría volver a cumplir aquel papel de antaño, para nadie más que para mí: mi particular libro de anotaciones (de pruebas y mejoras, o al menos de bases) para no terminar comiendo a saber qué porque se me han ido emborronando las neuronas y la capacidad de inventar.

Sin mucha esperanza, y mientras intento hilar un par de líneas que me den pie a escribir la receta, me ejercito recordando cuántos purés fueron antes que éste. Unos que pasaron a mi historia y otros que no sobrevivieron a la primavera más allá de un otoño y un invierno.

Siempre en octubre, de las pocas cosas que se repiten, surgen por azar una o dos recetas nuevas de color naranja. Me lo pide el cuerpo pero, principalmente, me lo chilla el alma que se niega a fenecer entre bostezos, y pretende le inocule una buena dosis de bebida espirituosa. Lo sabe. Le dará energía y tibiará. Parecerá como que vuelve a querer bailar… entre toses y sacudiéndose del polvo de las botasandalias… saldrá a los patios y querrá encontrar flores, porque las de octubre son las más difíciles pero las más hermosas y además tiene aquella vieja promesa que cumplir(se)…

Receta para no olvidar porque es de lo más rico que he probado en años. Y vale que  puede ser de lo que más haya hecho en mi vida, pero casi nunca fijándome en qué ponía, y desde luego no lo había cocinado sin absolutamente nada (ni papas/boniatos, ni rehogado, ni cebolla/ajo/hierbas, ni aceite alguno, ni picatostes ni ganas!!) y quizá ahí esté el secreto  del PLACER que nos ha provocado a todos en casa su sofisticada simplicidad.

Para recordar:

Conseguir una cámara con la que volver a enfocar el Mundo: no me gusta cómo se ve a través de un móvil.

Para celebrar:

Un cumplevidaaniversario más.

 

Para no olvidar:

1 kg de calabaza , 3 ó 4 zanahorias, 1 calabacín mediano, 15 cms de puerro. Se cocina con agua y sal. Cuando esté guisado, moler con el brazo y volver a pasar por fogón. Solo al calentar o servir: un chorrito de oliva en crudo… ¡¡ y a girar y girar levantando los brazos hacia el sol que más calienta!!

 

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