Posts filed under 'DULCES Y DESAYUNOS'

Fuera llueve (Pastel de zanahoria y almendras)

Fuera llueve. Dentro me siento mullida.

Mullida, callada, sin conflictos. Intento escribir algo pero no tengo nada importante que decir.

Cocino como hace muchísimo que no, como, fotografío.

Pero por dentro sigo en un estado de casi paz. Intento buscarme el espíritu follonero pero… no responde más allá de cinco minutos (esos pueden ser mortales) y luego se diluye, se va, se escapa entre las nubes de la mañana.

Miro, me dejo fundir con lo que veo en cada paseo, me percato de todo, todo deja sus huellas en mí, pero no te lo puedo contar. Se desvanece con el suspiro del segundo siguiente.

Suenan los teléfonos, la vida sigue su rutina, y sin embargo no quiero ni puedo bajarme del cómodo asiento de la guagua L01 que me lleva y que me trae. Me deslizo en el tobogán mojado del parque junto a la parada, en forma de gotas en los zarcillos de la enredadera que me moja el pelo, me deslizo en el calor de mi abrigo y de mis calcetines… en el de tu abrazo sin tí.

Leo: Nuestra tarea consiste en encontrar un equili brio, encontrar el camino del medio, aprender a no volcarnos en preocupaciones y actividades accidentales, sino a simplificar nuestra vida cada vez más... y en el mismo texto: La ausencia de apego es señal de que uno se está volviendo más libre de uno mismo.

Quiero protestar, tiendo a hacerlo… pero luego, inmediatamente, la llama se apaga. Queda calma y silencio. Yo sé que ésto que siento no es desapego, ¿o sí?. No sé. Jamás lo entenderé. Dos minutos después es que ni me preocupa. No quiero ni tengo ánimo para discutir.

Los primeros coches pasan multiplicando la lluvia sobre el asfalto. Me gusta ese runrún apagado. Caen piedritas por el desagüe del tejado. Un chorro hace música sobre alguna tapa que quedó fuera de sitio. Las gotas  del cielo bailan la danza del agua en el patio… las veo un instante adornadas de plumas, como los indios comanches de las pelis de vaqueros, otro coche… hoy me mojaré… qué dulce esta calma, qué dulce.

5 comments Diciembre 3, 2009

Me asalta la vida (Fideos exóticos)

Entre claroscuros me asalta la vida. Y yo me dejo asaltar, me rindo a su tremenda belleza. No dudo, me abandono aunque proteste débilmente… ¡¡esa farola, ese caño!!… Pero levanto los brazos, me abro, voy más allá. Y ahí está, impresionante a pesar de mis imperfecciones y es tan fácil en ese momento sentirse bien.
Ayer daba vueltas a la idea de cambiar la cabecera, y aún hoy sigo convencida que algo más cálido debo poner. Pero, las cosas como son, este fin de semana no ha sido en absoluto pre-invernal. Así que con ese ánimo “entretiempo”, como las antiguas rebequitas,  me he levantado hoy. Despierta, sensible, moldeable, sonriente… vamos, total  y absolutamente “dominguera”. Feliz y despreocupada, aunque la nubecita que tengo sobre el martes me exigiera hace meses un ejercicio de comprensión y replanteo de mi vida. Lo que sí tengo ya claro es que, sea lo que sea, todo estará bien e incluso: ¡mejor!
 
Ayer me gustaba el rojo, sí… y hoy me sigue gustando. Pero creo que es mejor guardar para el recuerdo este paseo matinal por la ciudad. A un calcetín nada más, corto, torcido y desenfocado, pero suficiente para dejarme el alma ahíta de caricias. Y para acariciar hoy con un plato, nada mejor que el regalo de unos fideos con leche especiados.
 
 
FIDEOS CON LECHE ESPECIADOS
Hace un tiempo le contaba a Mªjose  (Macarrons de Sant  Joan) que en casa, de pequeños, era muy habitual tener para comer o de postre: fideos con leche. Totalmente diferentes al típico arroz con idem, pero igualmente deliciosos. Y a mí, que no me sale el arroz como quisiera, aún me ha dado más satisfacciones este plato que aquel.
Lo normal entonces , y hasta ahora cuando lo he hecho yo, era aromatizar la leche con limón y/o naranja y canela en rama, para luego espolvorear al final canela molida. La rapidez del preparado lo hacía, y lo hace, fenomenal para cuando es imprescindible tomar algo dulce que nos reconforte inmediatamente.
Leyendo por otros lugares, y con esta manía mía de coger de aquí y allí, me sorprendió el parecido con cierto postre (varios postres) de la cocina india que trataba de reducir una leche especiada con almendras y pistachos. Y de ahí, y de cierta manía que sigo conservando de probar cosas nuevas para mí, para tí, salió este cuenco (y algunos más que hice desde entonces).
Es tan sencillo como poner a reducir – o intentarlo-  leche de almendras (en mi caso ponía que no tenía azúcar, pero debían ser unas almendras muy dulces porque no me llevó ni pizca más), con una rama de canela, una lasquita de cáscara de limón, granos de comino y cardamomo. A mí me ha pasado en alguna ocasión que conseguí cogiera cuerpo la leche, en otras no tanto. Pero como sea, cuando esté concentrada la leche, pondremos un puñito de fideos cabello de ángel, dejando hacer un minutos y después apartando para que termine de cocinar.
Frío o tibio, esa cremita especiada hoy es mi caricia para tí. Es tan adictiva como los buenos masajes, así que ¡Ojo con repetir!
Gracias, feliz domingo, feliz semana
 
♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣

21 comments Noviembre 22, 2009

Llegó, por fin!!! (tortas de calabaza)

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Llegó, por fin, está aquí EL OTOÑO!!!!

La tarde noche de ayer llovió, de mar a montaña se tendió el gris, grumoso y volumétrico hasta que descargó. En las luces de los faros lo vi. Más allá, nada!!

Y al volver  a casa, cómo se agradece un colacao con tortas de calabaza ;-) .

Muchas sensaciones podría describir, notas sobre esta receta y sobre otras ofrecidas. Pero voy mal de tiempo, tengo que coger un avión. Así que, a la vuelta será…

Buen día. Y no olvidemos mojarnos si, con suerte, vuelve a llover.

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Tortas de calabaza

Calabaza guisada con pizca mínima de sal y rama de canela (en este caso cocinada al micro) chafada en un cuenco, a la que se le añade  leche (yo de coco), 1 huevo batido, pizca de jengibre y un poco de azúcar. Luego hacer una masa como para buñuelos, removiendo con harina y levadura.

Dejar reposar media horita y freír a cucharadas, apartándolas sobre papel absorvente.

Como se puede ver, yo las preferí chiquititas, así me engaño y pienso que no cometo pecado grave. ;-) Pero quiá… la verdad es que empapa bastante el aceite, y la opción de ponerle leche de coco  en lugar de leche normal creo que aún lo agravó más. Peroooo, el resultado es una tortita de un sabor muy “redondeado” , equilibrado y suave, y una textura jugosa y efímera.

Aquí en la isla -ahora sé que en tu casa también-  llamamos torta a estas masas fritas con huevo, leche y harina simplemente especiadas con limón y canela, o a las que se le suma calabaza o restos de arroz. En ocasiones las he servido, en lugar de con azúcar por arriba, con mojo de queso. Transformando un dulce en un picoteo, poco convencional según quién lo mire, ¡vale!, pero rico.

Poema Canción De Otoño de Paul Verlaine

Los sollozos más hondos
del violín del otoño
son igual
que una herida en el alma
de congojas extrañas
sin final.

Tembloroso recuerdo
esta huida del tiempo
que se fue.
Evocando el pasado
y los días lejanos
lloraré.

Este viento se lleva
el ayer de tiniebla
que pasó,
una mala borrasca
que levanta hojarasca
como yo.

Versión de Carlos Fujol

No llego a  ponerle música… si a alguien se le ocurre sugerir por esta vez, estaré encantada de recibir el regalo.

11 comments Noviembre 4, 2009

Sueños de un día de verano

 

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Esta mañana miraba fotos. Me di cuenta que de los lugares donde fui más feliz, no guardo imágenes. No tuve tiempo para coger la cámara, no quise ni perder un segundo de aquel estado embriagante.

En esos momentos desde luego ni me lo he planteado. Luego, más tarde, ahora quizá, eche de menos poder mirar. Tengo, para algunas cosas, buena memoria, pero acompaña un cierto desasosiego, una cierta  necesidad de echar la vista, de no inventar, de ser fiel a los momentos. Necesito a ratitos, probablemente hoy sea uno de esos instantes, no dejar posibilidad a la invención. Estar segura de lo que vi, calmarme en el oasis de la imagen sin inquietud posible por haber movido algo.

Hoy que me gustaría volver a un sitio en concreto, me doy cuenta que no guardo ni una única imagen de allí. Nada. Sólo retazos sueltos, esquinas, flashes de miradas, alguna risa, montañas… hoy que necesitaría regresar porque tengo la impresión que olvidé algo, no puedo girar la vista, y sé que calmaría esta necesidad.

En fin, a cambio encontré una vieja y mala foto. Un bizcocho que corrió por el foro de cocina que visitaba entonces (Marhya, Picaniña, Juanillo saben cual). Uno de los primeros que hice y que, como siempre, no volví a probar. La última vez fue por San Antonio del año pasado. Lo llevé a Garafía y desde entonces, ni una vez más. Tampoco te lo di a probar.  No lo tuve preparado para los “no desayunos”  en esta casa ni para picar entre horas, ni lo hicimos nunca juntos.

Pero hoy lo rescato, tengo hambre esta mañana y me apetece rememorar para que cuando el olvido llegue, tenga qué devorar.

BICA MANTECADA (Mari Molgas me lo dio a conocer)

Ingredientes: 4 huevos, 400 g. de azúcar (para mí 350), 400 gr. de harina, 200gr. de mantequilla, 1 bote pequeño de nata, 1 sobre de levadura  Royal.

Proceder: Batir como para tortilla los huevos con el azúcar + la mantequilla derretida.  Luego añadirle la nata. Por último la harina tamizada con la levadura Royal. Preparar para hornear en molde forrado con papel. Espolvorear con azúcar y canela (la costra luego será deliciosa). Según receta: hornear 1/2 hora a 160º en horno precalentado. En mi horno: precalentar , hornear con calor sólo abajo 15 minutos a 180º, luego arriba y abajo hasta terminar a 160º (aprox. una hora en total).

El resultado es espectacular. Tierno aunque se sea una manazas como yo, y con un sabor insuperable… ahora un poco de jugo de piñ, manzana o de  mango, un tazón de yogur de cabra y a disfrutar.

9 comments Agosto 6, 2009

La felicidad si amanece (Torrijas de té pakistaní)

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 http://www.youtube.com/watch?v=Ee58iv63M2A

Del viaje a Granada y la visita por sus mercados, traje dos variedades de té. Uno de frutos y flores típico de allí y otro pakistaní: Té negro con clavo y cardamomo (pizca de vainilla también??). Instintivamente lo había tomado con leche, pero después de haber leído a Alicia de “A mi lo que me gusta es cocinar” busqué más información sobre esta variedad, y descubrí que a lo loco, pero lo había hecho bien. Es una de las variedades de té que se consumen así.

Así para un día como el que amaneció ayer, intenso, dramático:

Torrijas de té pakistaní.

El proceso .es similar a lo que haríamos con cualquier tipo de torrija, salvo que varía el líquido donde beben. Una mezcla de agua y leche (yo puse mitad y mitad) donde infusiona el té  (ya listo como lo compré yo o bien preparando la proporción de té negro con las especias) con un añadido de canela en rama y cáscara de limón. Se endulza al gusto, en esta ocasión: justamente, incluso corto, se remojan las rebanadas de pan viejo, se pasan suavemente por un poquito de azúcar, y luego del huevo batido a la sartén. El aceite tenderá a quemarse y hay que ir separando lo negro para no fastidiar las torrijas que salgan en la tanda siguiente, si las hubiera. Se apartan sobre un papel de cocina, se espolvorean de azúcar y a comer. A mí me gustan tibitas.

Supongo que al final habrá quedado justificado la roñosería al endulzar el té. Así conseguí que el dulce no “matara” el sabor del té en el interior, y la costra tuviera ese puntito alegre.

jajajajjaja, me leo y no estoy segura que se me entienda bien. Si no es así, ya saben donde reclamar. Buen día y desayuno para todos.

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Todas las fotos son mías, se entiende, y mientras no advierta lo contrario. La primera es un cachito del amanecer de ayer mismo tras la palmera y el almendro del vecino.

18 comments Abril 28, 2009


Devorando el Mundo.

Nací con la boca abierta... entrando a este mundo jugoso de duraznos y limones y sol maduro y esta rosada carne de mujer, este mundo donde la cena está en el aliento del desierto sutil, en las especias del mar distante que flotan el sueño tarde en la noche. Nací en alguna parte entre el cerebro y la granada saboreando las texturas deliciosas de cabello y manos y ojos, nací del guisado del corazón, del lecho infinito, para caminar sobre esta tierra infinita. Quiero alimentarte con las flores de hielo de esta ventana de invierno, los aromas de muchas sopas, el perfume de velas sagradas que por esta casa de cedro me persigue. Quiero alimentarte con la lavanda que se desprende de ciertos poemas, y la canela de manzanas asándose, y el placer simple que vemos en el cielo cuando nos enamoramos. Quiero alimentarte con la tierra acre donde coseché ajos, quiero alimentarte de memorias surgiendo de los troncos de álamo cuando los parto y del humo de piñones que se junta en torno a la casa en una noche quieta, y los crisantemos en la puerta de la cocina. (James Tipton, 1995)

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