Posts filed under 'COSAS ISLEÑAS'

De caminos y puertas abiertas a la Navidad

Hace una preciosa mañana de domingo. Miro por la terraza y soy tremendamente feliz.

Lo que pueda apretar, ahí sigue. Lo que no gusta, seguirá y seguirá. Lo que he de mejorar, lo que no debo olvidar, lo que me preocupa, lo que tengo que limar… tantas y tantas cosas que hoy no tienen ninguna importancia. Esta mañana sólo un camino, una puerta abierta, la cocina manga por hombro y esta calidez… para tí, Rebeca, Ana, Toñi, María, Calohe, Juan, Elo, Oscar, Ka, Tanci, Alicia, Ana, Humita, Paula, Antínez, Mai, Kako, MªLuisa, MªJose, Marta, Alina, Nina, Carmen y también para tí:  un abrazo que respira ya Navidad… y un rosco de los de siempre, de los de cocinar con el vecindario y la familia, de los que sueño y soñaré hacer contigo.

Para beber: leche con chocolate y café justo de dulzor, té o mistela de naranja, a elegir.

♣ ♣ ♣ ♣ ♣

24 comments Diciembre 13, 2009

Llegó, por fin!!! (tortas de calabaza)

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Llegó, por fin, está aquí EL OTOÑO!!!!

La tarde noche de ayer llovió, de mar a montaña se tendió el gris, grumoso y volumétrico hasta que descargó. En las luces de los faros lo vi. Más allá, nada!!

Y al volver  a casa, cómo se agradece un colacao con tortas de calabaza ;-) .

Muchas sensaciones podría describir, notas sobre esta receta y sobre otras ofrecidas. Pero voy mal de tiempo, tengo que coger un avión. Así que, a la vuelta será…

Buen día. Y no olvidemos mojarnos si, con suerte, vuelve a llover.

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Tortas de calabaza

Calabaza guisada con pizca mínima de sal y rama de canela (en este caso cocinada al micro) chafada en un cuenco, a la que se le añade  leche (yo de coco), 1 huevo batido, pizca de jengibre y un poco de azúcar. Luego hacer una masa como para buñuelos, removiendo con harina y levadura.

Dejar reposar media horita y freír a cucharadas, apartándolas sobre papel absorvente.

Como se puede ver, yo las preferí chiquititas, así me engaño y pienso que no cometo pecado grave. ;-) Pero quiá… la verdad es que empapa bastante el aceite, y la opción de ponerle leche de coco  en lugar de leche normal creo que aún lo agravó más. Peroooo, el resultado es una tortita de un sabor muy “redondeado” , equilibrado y suave, y una textura jugosa y efímera.

Aquí en la isla -ahora sé que en tu casa también-  llamamos torta a estas masas fritas con huevo, leche y harina simplemente especiadas con limón y canela, o a las que se le suma calabaza o restos de arroz. En ocasiones las he servido, en lugar de con azúcar por arriba, con mojo de queso. Transformando un dulce en un picoteo, poco convencional según quién lo mire, ¡vale!, pero rico.

Poema Canción De Otoño de Paul Verlaine

Los sollozos más hondos
del violín del otoño
son igual
que una herida en el alma
de congojas extrañas
sin final.

Tembloroso recuerdo
esta huida del tiempo
que se fue.
Evocando el pasado
y los días lejanos
lloraré.

Este viento se lleva
el ayer de tiniebla
que pasó,
una mala borrasca
que levanta hojarasca
como yo.

Versión de Carlos Fujol

No llego a  ponerle música… si a alguien se le ocurre sugerir por esta vez, estaré encantada de recibir el regalo.

11 comments Noviembre 4, 2009

Las musas se fueron de vacaciones (EDITADO)

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En mi vida los ciclos se repiten. Por eso aprovecho un texto antiguo como compañía a algunas instantáneas de las fiestas culinarias de este verano. He estado perezosa, lo máximo ha sido alguna aportación pero como el verano va llegando a su fin, toca hacer resumen, cerrar círculos y prepararse para la nueva estación. Feliz final de verano a todos (no, no me voy de viaje, pero como me prodigo tan poco, aprovecho por si no cogiera de nuevo estas páginas hasta después). Abrazos faltos de inspiración pero cargados de energía.

Las musas suelen llamarme dando golpecitos breves en las ventanas o repiqueteando piedritas en el cristal, suelen colarse hasta mis ojos haciendo reflejar su luz, o alborotar alrededor formando refrescantes corrientes de aire.
A veces ni siquiera tengo que abrirles las ventanas, se cuelan por la chimenea, o bajo la puerta, juegan a sorprenderme tras cualquier puerta, haciendo corrillos de risas sofocadas, llenando las estancias de notas y calor.
Entonces un estado semi-febril me posee, todo resulta enormemente fácil, las palabras se me escapan sin tiempo a hacerles el control, la cocina se llena de olores, los papeles de color y la vida es un columpio que me eleva muy alto, levantándome la falda y dejándome caer en un suave vaivén.
Hace poco me asaltaron a traición. Ahora quisiera conjurarlas pero habrá que esperar que un escalofrío vuelva a recorrer mi espalda.

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9 comments Septiembre 12, 2009

Lo más simple (Papas fritas con gofio)

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 Hace poco me llegaba un mail. La persona me daba un tirón de orejas, y me recordaba el tiempo que hace que no bailo… y la cosa es que tiene razón. Últimamente me estaba dejando llevar en lugar de buscar la música y el momento de enredarme con mi sombra para mover los pies.

Esta mañana me dije que ya estaba bien. Me puse unas bragas nuevas y salí en busca de mi compañera de baile. Y como a veces los milagros son mucho más fáciles de lo que creemos, y sólo hay que echar un poco de agua en la arcilla de nuestras manos, bailé.

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Y amando la arcilla que hay en mis manos, y poniéndome el mandil, al regresar a casa me hice el milagro más simple del mundo:

Unas simples PAPAS FRITAS CON GOFIO. Sin más truco que freir las papas con alguna piedrita gorda de sal, que luego se note, escurrirles el aceite  y en la misma sartén (éste es el tamaño tortilla individual) añadirles una buena cucharada de gofio. Remover como si fuera un chicharrón, servir el vino y a picar, que es festivo, que es muy simple sonreír y bailar, tan tremendamente fácil e inevitable como amar.

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10 comments Agosto 15, 2009

CUANDO NO TENGO APETITO (Salpicón de bonito, mojo queso y papas arrugadas)

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Cuando no tengo apetito, cuando no cocino para alguien, cuando mis musas se fueron de paseo, cuando pierdo momentáneamente el camino, cuando el calor aprieta, cuando nada nuevo me refresca las ideas… Salpicón de bonito, mojo de queso y papas arrugadas.

Nada nuevo, nada complicado, familiar desde la cuna: el viejo olor de las papas arrugándose las mañanas estivales de domingo, el vapor del vinagre mezclado con el orégano del guisado del bonito (que afortunadamente se puede hacer días antes y así no fastidiar la ensoñación), el de la pimienta verde y queso viejo.

Cuando no tengo apetito, cuando no cocino para alguien, cuando mis musas se van de paseo y es domingo caluroso de caminos perdidos, puedo hacer estas dos tapas y disfrutarlas en solitario bajo la sombra del aguacate.

Si gustas… prometo ser puntual, sacar el mantel de cuadros y que la bebida esté bien fresca.

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8 comments Julio 26, 2009

DÍA DE CANARIAS II “Vivo”

Ayer fue fiesta. Con la primavera radiante por fin dejé en casa los dobles calcetines y tocó disfrutar del sol y los primeros calores en la Plaza de la Alameda.  Hubiera querido preparar un menú isleño para celebrar este día que en realidad no siento expresamente. Condición constante, obligatoria y también por vocación, la canariedad no deja de ser una casualidad adorable. Y aunque me salga el ramalazo isleño, espero no chovinista, a cada paso, no enarbolo banderas. Pero si alguien tiene que recordar lo que es ser de este archipiélago, cualquier ocasión me parece buena para refrescar memorias y abrir el conocimiento a quienes les quedamos lejos. Además de estrenar sección “en chanclas -sandalias o algo así-”

http://www.youtube.com/watch?v=WTU2P4xDSlQ&feature=relatedDSCF6703

La falta de tiempo y la pereza no me da para organizar nada, además cuando en breve quiero hacer una reunión en el cuarto verde, así que subo lo que me meció ayer por la mañana  las sandalias, y el enlace a las cositas isleñas del otro blog.

http://vivenciasydeliciasculinarias.blogspot.com/search/label/COSAS%20ISLE%C3%91AS

Podemos coger un poquito de escacho  y de queso asado para el aperitivo… y con unos vinitos acompañar estas costillas saladas con papas , piñas y mojo de cilantro, del que también está la receta en esa selección.

La composición es muy fácil, se ponen a cocinar las costillas con agua limpia, se espuma lo mejor posible y se continúan guisando  con unas ramitas de cilantro y/o perejil (muchos les añaden un cebolla en cascos, un tomatito entero pero despepitado, un par de ajos  y una lasca de pimiento… yo no lo creo necesario)y sin sal, porque lo interesante es que la carne esté desalada, pero en su interior cerca del hueso siempre tendrá un regustillo salobre que será suficiente para dar el punto a las papas y las piñas de millo.  El millo se lo pondré con las costillas al principio si son duras las mazorcas, pero si son tiernas, con ponerlas cuando las costillas estén ya casi listas, tendrá suficiente. Cuando ya estén guisadas las costillas, añadiremos las papas en mitades o como convenga según el tamaño, pero teniendo en cuenta que no deben “esgorrifarse”. Los primeros pasos se pueden hacer en olla exprés, por supuesto, cerrándola sólo después de haber espumado el caldo. También se puede conservar la carne ya guisada o casi, y en el último momento, terminar de cocinar con la verdura. Para mi gusto queda diferente si el cocinado de la papa se hace a fuego muy lentito.

Eso nos dará ocasión para seguir escanciando vino, charlando y celebrando lo que haya que celebrar.

Quizá mirar para arriba y recordar:

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Llegado el momento, sólo habrá que apartar en una fuente los trozos de carne, papas  y piña. Poner en una hondilla una cantidad de mojo -la receta que acompaña al gofio escaldado- que aclararemos con agua del cocinado,  removeremos y volcaremos sobre la fuente. En sitios servirán el mojo tal cual, espeso, sobre los trozos. A mí me gusta aclararlo para que le de tiempo a empapar un poco la carne y el resto, y presentarlo caldosito para servirse . Y por encima o en un cuenquito aparte, más mojo por si alguien gusta.

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 Sólo me queda decir que vivo en un sitio del Atlántico  al que estén invitados porque realmente merece la pena. Buen provecho y tomen el plato con precaución, que llena y repite.

12 comments Mayo 31, 2009

DÍA DE CANARIAS

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El tiempo pasa I

http://www.youtube.com/watch?v=k7xzqm2u-Q4&feature=related

Feliz Día de Canarias.

Ahora voy de parranda, mañana más.

5 comments Mayo 30, 2009

Hotel Florida (Carne a las 3 latas)

dscf4416Me parecieron ya muy singulares las condiciones de nuestro alojamiento; habitaciones las tendríamos en el único hotel que había en la isla, pero a la hora de comer, el condumio se serviría en otro sitio. Igualmente, si no traíamos doncella, podíamos elegirla entre unas cuantas mozas ya dispuestas para la ocasión.
- ¿Por qué hemos de elegir? -pregunté-. ¿No se encarga el hotel de esa tarea?
Pues no, el hotel o se encarga de nada.
Estaba muy cansada para indagar o discutir; dejé entonces la elección a ellas mismas y nos apresuramos a tomar el desvencijado automóvil que aguardaba fuera, y mal que bien iba a llevarnos al Hotel Florida… No olvidaré nunca ese nombre.
Quedaba nuestro albergue en las afueras de la población, y parra llegar a él había que dar una vuelta a la ensenada, por un camino descolgado sobre las puntas de los arrecifes… Batía el oleaje este camino y lo inundaba a tramos; en otros, el talud se cortaba en vertical que no dejaba espacio para su asiento, y sólo era posible continuar a través de la roca perforada o de algún ramal hecho con bloques de la misma sierra despeñados al agua… De cualquier forma, el transeunte percibía el suelo casi resquebrajándose a sus plantas. (…)
Aún flotaba en el sueño, cuando el coche enfiló una cancela abierta que daba a un gran jardín abandonado, y siguiendo la senda principal se detuvo a las puertas de una mansión medio oculta por los arbustos y las trepadoras.
Ese era nuestro hotel, y, no sin cierta extrañeza de los dos, fue el chófer quien, a más de hacerse cargo del equipaje, abrió el portón con unas llaves que traía encima.
En el vestíbulo no había nadie. Ni empleados, ni huéspedes, ni dueño. Sólo vimos los muebles, de formas ya en desuso, y tapizados de un terciopelo que en su tiempo debió ser carmesí. Las cortinas, apenas corridas, dejaban pasar muy poca luz, pero al cruzarlo de uno al otro extremo tuve la desagradable sensación de estar pisando sobre polvo.
Al fondo estaba la escalera, que crujió un poco a nuestro paso, y desembocaba a un corredor que servía de acceso a los dormitorios; de nuevo fue el chófer quien franqueó la entrada de uno de ellos.
-Esta es vuestra alcoba, y éstas son vuestras llaves. Hay que cuidase de cerrar también la puerta principal… Un momento, señora, a ver si están las cerillas junto a la palmatoria…
Estaban las cerillas, y el buen paisano se marchó sin más explicaciones.
Quedamos solos Pablo y yo en medio del aposento, mirándonos perplejos… ¿Adónde nos habían conducido? ¿Qué clase de hotel era aquel semirruinoso caserón donde tendríamos que pasar por lo menos una semana?
Una semana, sí, porque no había más que un solo barco para la travesía entre La Palma y sus hermanas islas, y el barquito de marras no recalaba ya hasta el siguiente lunes.
En este instante, lo confieso, sentí deseos de volverme al barco. Por la ventana lo seguía viendo allá lejos, todavía en el muelle, posado sobre las aguas como una gaviota.
Callé el deseo, sin embargo, y la desazón que me andaba por dentro. Pablo, que no iba a ser menos que su consorte, se volvió sin decir palabra y empezó a abrir las valijas.
(…)
Las horas transcurrían con enervante lentitud. Como habíamos abierto tantas puertas, el mediodía de septiembre llenaba de un sol pulposo, casi frutal, aquellas estancias vacías de otra cosa. Y no dejaba de afectarnos extrañamente, morbosamente, la abundancia de luz donde no había vida, ruido ni movimiento.
Hasta la luz se estanca en este sitio, había yo pensando recorriendo una vez más la mansión hechizada; se estanca y se corrompe, proseguía casi en un soliloquio, a punto de ceder al femenino impulso de hacerme de una escoba y sacudir el sol, el polvo, el silencio…
Allí, frente al jardín, estaba el comedor, única pieza cuyos batienes exteriores no nos fuera posible separar. Una vieja penumbra se mantenía en su recinto, rasgada aquí y allá por los dardos solares que dejaban pasar cristales rotos.
A través de ellos habían entrado también algunas ramas de las enredaderas vecinas, que, al hallarse dentro, sin modo de volver al aire vivo, perdían hojas y verdura, se convertían en raíces ciegas, agarradas torpemente a la pared, al piano, creyendo que vivían bajo tierra.
Junto a la entrada principal, como una muda invitación a pasar delante, estaba el último menú dando cuenta a los huéspedes de los platos del día:
Puré Saint Germain.
Vol au Vent de caviar.
Caneton à l’orange.
Haricot vert.
Salad Choffonade.
Charlotte Ruse.
Demi tasse.

(Un verano en Tenerife. Dulce María Loynaz. Cap: Hotel Florida)

Eran otros tiempos. El puerto de la isla fue en otros siglos de los más importantes de Europa y último para las Américas. Y a pesar de ser arrasada por el fuego en varias ocasiones, el carácter crítico y el amor por la cultura se mantuvo tiempo y tiempo. Así no es de extrañar un menú de ese tipo, aunque realmente lo que yo traiga hoy no tenga nada que ver con él.
Es una receta que desde que era pequeña vi hacer en cocinas palmeras. La variante entre tres y cinco latas siempre fue para mí un dilema, que finalmente decidí a mi antojo.
Desconozco su procedencia. Sé que en algún libro viejo editado por la cultura popular canaria, aparecía esta receta. Y hace algún año encontré alguien que la comentaba del otro lado del charco.dscf4407
INGREDIENTES PARA LA CARNE A LAS TRES LATAS (Yo elimino dos de las cinco originales)
Carne de cerdo (yo prefiero carne de vaca que con una cocción adecuada queda tierna también y tiene menos grasa, jejeje, ataja la broma de que me van los lácteos y relacionados más que una piruleta a un niño)
1 Lata de tomate frito
1 Lata (la medida) de leche
1 Lata (la medida) de vino
Evito la lata de aceite y la lata de agua que completaría la receta.
Manojito de aromáticas, yo prefiero el laurel y el tomillo, aunque el orégano no queda mal.
Sal y pimienta para envolver la carne con las manos.
Lo normal sería sellar la carne en un fondo de aceite y luego añadirle las hierbas y los líquidos, y cocinar. Finalmente hacer la carne en filetes o trozos, espesar aparte la salsa por reducción, añadiéndole un puñito de almendras fritas o tostadas y machacadas o con algún espesante al gusto. Incorporar la carne de nuevo, calentar y servir.

6 comments Abril 12, 2009

Vacaciones en “mi” isla (Potaje de coles)

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Fue Pablo quien, espigando una vez más en el trigal de los recuerdos, me propuso embarcar anoche mismo para la isla de La Palma.

Vacilé en contestar; no soy muy dada a las sorpresas ni me asiste el espíritu de aventura, y aventura iba a ser para mi ánimo de planearlo todo aquel viaje improvisado vísperas ya de nuestra partida.

Porque, en efecto, aquel verano deleitoso, mecido entre las Islas del Atlántico, tocaba ya a su fin. Un sentimiento de melancolía se mantenía flote sobre las conversaciones, los paseos, los amigos y aún los mismos paisajes hasta ayer familiares que veíamos ya de manera distinta, súbitamente ajenos, cambiados en su esencia al saberlos próximos a desaparecer.

Fue tal vez el deseo de no prolongar aquella sensación de despedida lo que me hizo aceptar el traslado a La Palma; pasaríamos pues, los últimos días entre otras gentes y otros panoramas, y así, empezando por pequeñas dosis, el corazón apuraría luego con más facilidad la gran ausencia.

Pablo, que nunca se ha despedido de nada ni de nadie definitivamente, tenía otras razones para desearlo, aunque en verdad, no menos sentimentales que las mías: La Palma era la cuna de quien había sido su apoyo y su mentor en días muy difíciles, y mi marido no olvidaba la mano firme, franca, generosa, que había desbrozado sus primeros caminos de joven pobre y luchador en una tierra extraña.

(…)

Y, uniendo sus motivos a los míos, recordaba igualmente la recomendación hecha por aquel excelente caballero cuando trazábamos en casa las ideales rusa del periplo.

– Si llegan a visitar mi isla de la Palma no olviden ir a Tijarafe, donde existe una calle que se llama Adiós…

– Pero si es esa calle lo que debemos buscar, debe de estar muy cambiada, querido doctor, y es también muy probable que ya no se llame así. Considere los años transcurridos desde aquella linda mañana de primavera en que usted saltó al barco que lo traería al puerto de La Habana..

Quedaba pensativo nuestro amigo, pero al cabo, moviendo la cabeza siempre erguida, daba un punto final a la cuestión:

– Los años cuentan unas veces, pero otras veces no. La calle, estoy seguro, sigue allí como era. La calle y otras cosas…

No había comprendido por entonces la razón del deseo que expresaba y aún menos la del nombre desusado, pero desde anoche, sin comprender todavía, hallaba en ello alguna consonancia con mi espíritu.

“Si llegan a visitar mi isla de La Palma…”

Y bien, allí teníamos la isla, allí veríamos también dentro de unos pocos momentos la extraña calle con su extraño nombre… El barco se deslizaba ya frente a la rada.

Adiós… Esa era la palabra que me perseguía, que estaba ahora en el ambiente, aunque nadie se hubiera atrevido a pronunciarla.

(…)

La mañana era bella y la tierra más bella todavía; a más de agua, en la isla había árboles, muchos más árboles que en Tenerife. Había también flores como allá, y fragosas gargantas y quebradas.

Una fragancia idílica, una frescura de tierra nueva aleteaba todo aquello: me parecía estar soñando un sueño en el que un mundo todavía no nacido se revelaba únicamente a mí…

To be continued

(cap. XXVI. “Hotel Florida” de Un verano en Tenerife, por Dulce María Loynaz. 1958)

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En muchas casas de “mi” isla de la Palma, se llama potaje a una composición de verduras varias, que en una mezcla tradional, más o menos abultada según las huertas estuvieran surtidas, la estación o la generosidad vecinal, solía servir como plato único y socorrido. En el medio de la mesa la ondilla a compartir con el gofio escaldado en el caldo que se apartaba. En el mejor de los casos (según la consideración de los viejos) para acompañar el tocino o las costillas previamente desaladas que tuviera el potaje. Entonces en las casas solía haber un balde con esos productos cárnicos guardados con sal de la última matazón (matanza en peninsular). Coles abiertas (berzas o algo muy similar), col cerrada (repollo), calabaza, bubango (no es igual pero algo parecido al calabacín… o entre calabacín y cidra), zahorias, habichuelas (judías verdes), judías pintas o garbanzos, piña de millo, chayota, boniato y papa era lo más habitual. Aunque de familiares que ya no están, me queda el recuerdo del uso de peras en el combinado. Cuando hay reunión de amigos, aún apetece hacerlo así. Queso fresco, mojo rojo y verde, la carne, el escaldón… y luego un platito de la verdura. Pero para tomarlo en casa no hace falta tanto despliegue y puedo asegurar que queda delicioso.Este que traje hoy apenas lleva lo que se ve: Bubango, Calabaza, Zanahoria, Boniato, Papa, Hojas de col abierta, dos cascos de Col Cerrada, una cebollita, medio tomate picados, y una majada de ajo, sal, perejil, comino y pimentón. Todo en crudo con un Chorrito de aceite de oliva que sustituye la grasa animal y cocinado a fuego lento, o en olla exprés unos minutos y luego dejar concentrar destapado un ratote más con el millo (en lugar de la piña) y un puñito de judías blancas (en lugar de los garbanzos judías pintas remojadas, que se pondrían a cocinar tradicionalmente junto con la carne y la piña -mazorca- antes de nada).

Un chorrito de vinagre sobre las coles, me eleva al cielo. Y para el caldito, si no hay gofio previo escaldado, una cuchara de los polvitos mágicos me resultan casi una delicia.

Yo estoy en el sitio de las vacaciones pero sin días libres. Espero que los que no trabajen, disfruten del descanso o el recogimiento.

Abrazos

7 comments Abril 9, 2009


Devorando el Mundo.

Nací con la boca abierta... entrando a este mundo jugoso de duraznos y limones y sol maduro y esta rosada carne de mujer, este mundo donde la cena está en el aliento del desierto sutil, en las especias del mar distante que flotan el sueño tarde en la noche. Nací en alguna parte entre el cerebro y la granada saboreando las texturas deliciosas de cabello y manos y ojos, nací del guisado del corazón, del lecho infinito, para caminar sobre esta tierra infinita. Quiero alimentarte con las flores de hielo de esta ventana de invierno, los aromas de muchas sopas, el perfume de velas sagradas que por esta casa de cedro me persigue. Quiero alimentarte con la lavanda que se desprende de ciertos poemas, y la canela de manzanas asándose, y el placer simple que vemos en el cielo cuando nos enamoramos. Quiero alimentarte con la tierra acre donde coseché ajos, quiero alimentarte de memorias surgiendo de los troncos de álamo cuando los parto y del humo de piñones que se junta en torno a la casa en una noche quieta, y los crisantemos en la puerta de la cocina. (James Tipton, 1995)

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